Corona de adviento: Una puerta en nuestros corazones

Guiomar López | LA PRENSA de Lara.- La corona de adviento es prepararse para recibir a Jesús en el hogar. Abrir los corazones en cada una de esas velas encendidas que recuerdan la espera del pueblo de Israel hasta el gozo por su presencia en nosotros.

Reciben diciembre con la serenidad de la navidad y la comunión en familia en el tiempo de adviento. María de los Ángeles Medina de Campos arma su pequeña corona con el verde de las guirnaldas, para engalanar la antesala de la llegada de Jesús. Un momento que comparten en familia para honrar su presencia, liberar resentimientos y respirar en paz hasta el día de su nacimiento. Tributo que recuerda su vida y sacrificio por la humanidad.

Es una celebración que reitera los 4 domingos de adviento en las velas y el círculo de guirnaldas, de ese ciclo ininterrumpido de fe y dedicación a Dios. Medina ubica la corona en el comedor, por ser uno de los lugares en los que se reúne toda la familia a compartir los alimentos. Es un ritual cuya simbología significa honrar el nacimiento, vida y su trascendencia luego de la muerte con la resurrección.

"Es un momento para llenarse del sabio evangelio de Lucas y hasta incluir a los niños. Conocer más de cerca la vida de Jesús y reflexionar sobre nuestra existencia", recomienda de esa tranquilidad de avanzar por los caminos del Señor, porque él está cerca. Un espacio para agradecer las bendiciones y la unión familiar, a pesar de las adversidades.

En comunión

La corona de adviento puede hacerse en colectivo en las iglesias más cercanas a la residencia, pero se siente más intimidad al realizar en el ambiente familiar. En el hogar Medina Campos, se encuentran todos los miembros reunidos. Empiezan a rezar el Padre Nuestro y al terminarlo, cada quien eleva una oración espontánea, incluso las peticiones de las pequeños de la casa. Leen el evangelio de ese domingo y se comenta esa palabra de Dios. Un breve silencio que antecede el encendido.

Su primera vela es morada, cuyo color denota la espera que lleva a aquel tiempo de preparación del pueblo de Israel para la llegada de Jesús. El segundo domingo de adviento, tiene la vela verde que simboliza la esperanza de vida y la profunda necesidad de vivir la obra del hijo de Dios. La siguiente semana corresponde la rosada o roja, con el pleno gozo y alegría por el deseo de darse a los demás. Es la emoción de los niños y esa celebración desde el corazón con el llamado de paz de Jesús. Cierran con la vela blanca de la presencia viva, el recordatorio "Yo soy la luz del mundo" y el respeto a su acompañamiento.

"Reconocemos el tiempo de adviento como ese lapso de espera que llama a la reconciliación entre hermanos", señala de ese ambiente de paz que comienza desde lo interno, dejando atrás conflictos, pesares y resentimientos porque nuestro corazón estará a disposición del amor. La familia no puede estar peleada y se llama a vivir en serenidad, en paz.

Es educar en la fe católica, recalcar el amor a Dios y cumplir su voluntad a través de los mandamientos. Pedir perdón y abrazarse con fuerza, libre de sentimientos dañinos que puedan impedir nuestra preparación espiritual.

- Recibimos el adviento con la espera de Jesús, recibiéndolo en los corazones.

- Diciembre es tiempo de reconciliación, de amor al prójimo y a Dios.

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