Excavaciones requieren de mucha experiencia y tiempo de estudio

Crédito: Alberto Briceño / Cortesía Museo Antropológico de Quíbor

Excavaciones requieren de mucha experiencia y tiempo de estudio

Guiomar López | LA PRENSA DE LARA.- Un día de campo implica siete días de trabajo en laboratorio. Una frase tan corta, pero que acerca a esa idea de la complejidad que encierran las excavaciones de restos óseos que realizan en el municipio Jiménez. Los trabajos se hacen con extremo cuidado para evitar mayor deterioro de los restos humanos o animales, así como piezas de cerámica que superan los 1800 años de antigüedad. Dedicación que exige conocimiento, experiencia y mucha paciencia, pues se puede tardar varios años para descifrar esa historia ancestral en los sitios de interés arqueológico de Quíbor.

Las botas de los expertos siempre están sucias y el polvo es inevitable en las manos, con dedos que terminan cansados por la insistencia de remover el mínimo rastro de tierra en cada pieza o fragmento. Un trabajo que retoman luego de casi cinco años sin excavaciones sistemáticas, se concentran en los hallazgos en el sector Playa Bonita en octubre de 2021. 

Fueron excavaciones que se dieron hasta noviembre y continuó la segunda temporada desde mayo hasta agosto de 2022, cuando ubicaron cinco enterramientos —incluyendo infantes— con una vasija y suponen que tienen entre 1800 a 2000 años de antigüedad, según Rubia Vásquez, directora del Museo Antropológico "Francisco Tamayo" de Quíbor. 

Cuenta que es un trabajo de rescate de alrededor de cinco meses de excavación. "Lo visible es el campo y tarda realmente en el laboratorio", confiesa Vásquez, al recordar esa relación que "un día de campo equivale a siete días de laboratorio" para cumplir con las fases de la investigación que van desde limpieza, clasificación e identificación.

Entrar al sector Playa Bonita es avanzar pocos metros de la antigua manga de coleo de Quíbor y empezar una de las vías de salida hacia El Tocuyo. Un inmenso aviso da la bienvenida a ese sector y muy cerca está el galpón que remodelaban, allí iban a realizar un encofrado. Al introducir la pala de la excavadora, los obreros observaron varios huesos e informaron a los jefes, quienes de inmediato contactaron al Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), los funcionarios corroboraron que correspondía a un estudio para el museo antropológico. 

Vásquez recuerda que se abocaron de lleno y ubicaron a especialistas, siendo un grupo de 12 miembros. Como antropóloga especialista en arqueología se unió con la arqueóloga, Ivel Urbina, quien fue la directora de investigación y del trabajo de campo. Luis Rodríguez es el antropólogo físico, quien empieza a clasificar e identificar las partes óseas o de interés de corte funerario. Un trabajo de la mano con los restauradores en arqueología, Liseth Castillo y Ángel Sequera, junto a personal obrero con experiencia.

También participaron dos estudiantes de la escuela de Antropología de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y tres alumnos de fotografía de la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Uneartes), quienes fueron los responsables de la recolección de datos en el campo y levantamiento fotográfico de estos enterramientos que puedan tener entre 1800 a 2000 años de antigüedad. Todo queda registrado y así desarrollan el proyecto de investigación que califique para ser publicado en una revista científica especializada. Podría ser a mediados de 2023, para luego pasar a las salas de exhibición del museo.

La restauradora, Liseth Castillo, recorrió ese terreno de Playa Bonita junto al equipo de LA PRENSA. La remodelación fue paralizada, al fondo del terreno estaban varias vacas comiendo pasto y sólo lo divide una calle de tierra con la escuela que lleva el mismo nombre del sector. 

Se aprecian los rastros de una excavación entre cuatro a cinco metros cuadrados de diámetro y con una profundidad de tres metros, de mucho cuidado por tratarse de cementerios prehispánicos. Estudio que será comparado con investigaciones anteriores.

El principal temor de arqueólogos, antropólogos, paleontólogos y restauradores es que en los 313 lugares con hallazgos en Jiménez se realicen excavaciones más profundas de 1.5 metros y se corra el riesgo de dañar este material o perder aquellos residuos por la fosilización. Es la consecuencia de las condiciones del terreno por sometimiento a la humedad y que a mayor data, se desintegran y forman parte de los minerales del suelo. Se trata de un hecho que suele ser común para fragmentos de cerámicas o cualquier otra pieza de ofrenda en rituales funerarios.

Al detalle

La paciencia es clave para la excavación y se realiza por capas, para evitar el daño. Es el producto de una minuciosa planificación, esa que garantiza desde la puntual fuerza del personal obrero y bajo las indicaciones de los expertos. 

Cada perforación es a buen pulso y al ubicar los restos se empieza ese riguroso retiro de la tierra. Los especialistas pueden terminar sentados o reclinados en las fosas durante varias horas para quitar lentamente tanta tierra adherida que deben ir bordeando con la precisión del cincel. Tal implemento permite aplicar la fuerza como si fuese un martillo, pero con un filo más certero para remover.

Es un ejercicio de paciencia y emoción por seguir descubriendo más elementos.

Para estos rescates no hay apuro, porque por lo general los huesos suelen estar desordenados y la mayoría atravesados, por lo que deben ir retirándose lentamente. Se realiza despacio y uno por uno para evitar comprometer alguna pieza. 

Aquellos cúmulos de tierra con restos grandes pueden pasar a colador y así terminar de retirar el resto de los residuos junto a otros componentes del suelo. Mientras observan con detenimiento todo alrededor de la osamenta, bien sea por el desprendimiento de las partículas o de fragmentos de cerámicas. Todo es de interés para estos investigadores.

Explica Vásquez que los expertos empiezan con la limpieza en seco, usando brochas de cerdas suaves, las cuales pueden imprimir más fuerza en la remoción de la tierra y sin llegar a fracturar el hueso. Los pinceles son utilizados en los casos con más fragilidad, así como con finos palillos para los orificios mínimos y algodón o gasa con un pulso lento. 

Los especialistas usan guantes, lentes y tapabocas para trabajar con seguridad. Además de ser una de las medidas de protocolo para proteger su salud, ante los riesgos de alergias y otras amenazas.

Al asegurar las muestras, pasan al primer laboratorio que termina esa fase inicial de limpieza. Desde allí, la restauradora Castillo muestra un pequeño cráneo y precisa que se mantiene en su pedestal de tierra, que fue encontrado entre 90 a 110 centímetros de profundidad. Es de un infante y está muy frágil porque los esqueletos de niños son hasta tres veces más sensibles que de los adultos. 

Luego de esa limpieza en seco, pasan al laboratorio de osteología con el antropólogo físico, quien va identificando cada uno de los huesos y el restaurador empieza a dar con la estructura. Inicialmente tienen el trabajo de catalogación con la ficha y datos principales del lugar al que pertenecen.

Como si se tratara de un rompecabezas, van identificando cada hueso y sobre el mesón van dando forma al cuerpo en cajas de arenas. La humedad es una de las amenazas y dependiendo de la resistencia del hueso, se le puede aplicar un poco de agua destilada. Luego los ubican en cajas de cartón, con la serie perteneciente en cada área y debidamente identificados.

Pueden trabajar con resina polisintética y una especie de adhesivos más flexibles, sin comprometer la fragilidad del hueso porque se trata de miles de años de antigüedad. Señala algunos cráneos de investigaciones anteriores, los cuales fueron restaurados con una especie de barniz, de fórmulas específicas para restauración y que estudian los componentes químicos menos agresivos en vinilit y Paraloid.

El proceso es lento, advierte Castillo, mientras saca con cuidado una de las bolsitas contentiva de huesos. De hecho, precisa que en caso de cerámicas y dependiendo su consistencia, pueden usar metal. Un bisturí es útil, según la resistencia de la pieza. Cada herramienta es de utilidad, así como la experiencia de los expertos.

Restos contienen información valiosa

Las investigaciones siguen en torno a los restos ubicados en Playa Bonita, arqueólogos y antropólogos advierten que es apresurado confirmar que pertenecen a un determinado grupo de indígenas. 

Conocen que estaban los arawacos y presumen que lo limitado en ofrendas -de apenas una vasija- se debe a la posible precarización de salud o condiciones sociales. Otra hipótesis podría ser que era una aldea secundaria, que ofrendaba sus recursos a los grupos más influyentes.

Rubia Vásquez, titular del museo antropológico, dice que las mandíbulas ofrecen datos curiosos porque pueden tratarse de rituales en los enterramientos secundarios. Esto también lo confirma la restauradora Liseth Castillo, de esas curiosidades de la única vasija encontrada en estos enterramientos, similar a las ofrendas del cementerio en el boulevard de Quíbor, muy al estilo tocuyano con incisiones que dejan visibles mamelones (especie de puntillas al relieve). Se asocia por la policromía y el efecto al relieve de ese diseño artesanal.

Les llama la atención de uno de los enterramientos, que identificaron como el número 4, con sus huesos coxales largos (aquellos de la pelvis). Estaba en posición fetal, con las piernas flexionadas hacia arriba. Eran muchos huesos atravesados y se confundía por la ofrenda ubicada casi a la altura de los pies. Costó descifrarlo, hasta que confirmaron que se trataba de un secundario y lo más probable es que era el cuerpo de un anciano. Este tipo de entierros se siguen realizando en la Alta Guajira.

También fue sorprendente el hallazgo de restos de infante, cuyos huesos son más vulnerables y aún así lograron recuperarlos. Estaban conscientes que no pueden insistir en la extracción directa y el cráneo se mantiene en su pedestal de tierra. Así evita que se fracturen por el proceso de fosilización.

Son tantos datos de interés que empiezan en ese período de hipótesis. Los especialistas manejan sus apreciaciones, las discuten y de acuerdo al avance de la investigación manejan esa idea general. Luego terminan definiendo desde los estudios de cronología relativa. Una precisión del carbono 14 que determina sexo y edad aproximada del fallecimiento.

Quíbor, tierra de misticismos y yacimientos arqueológicos -II PARTE-  

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