En Palo Negro se vivió algo muy feo, fueron muchas las viviendas que se cayeron con esas lluvias tan fuertes que hubo.

William Montes

Vecino

La verdad es que los campos están abandonados. Ni con Carmen Meléndez ni con Adolfo Pereira nos han atendido.

Héctor Rivero

Vecino

Me levanté a la 1 de la madrugada para ponerme a sacar toda el agua y los escombros que se me metieron a la casa.

Nelson Daza

Vecino

Todos los días, de 8 de la mañana a 12 del mediodía venimos a ver como podemos ayudar para el despeje de las calles.

Pedro Angulo

Vecino

Lo primero que hice cuando escuché ese invierno fue cargar a mi hijo de seis años, recuerdo que sentí mucho miedo.

Carmen Díaz

Vecina

Ya ni siquiera puedo sacar mi moto porque todo está dañado y me da miedo que pueda sufrir algún accidente y es peor.

Daniel Peraza

Vecino

Da dolor ver como toda la calle quedó dañada, son muchos palos y piedras que nos hacen caminar varios kilómetros.

Rafael Infante

Vecino

Ahora todos tenemos el carro guardado en la casa, no podemos sacarlos con tantos huecos que hay en la vialidad.

Betsy Hernández

Vecina

Todos los días al salir de nuestras viviendas pensamos en cómo vamos a hacer para pasar por el barranco y la quebrada.

Beatriz Parra

Vecina

Entre toda la comunidad nos hemos reunido para despejar las vías con ayuda del Gobierno que ha estado muy atento.

Mauro Ortiz

Vecino

Solidaridad se hace sentir en damnificados de Río Claro

Luis F. Colmenáres | LA PRENSA DE LARA.- La solidaridad y el trabajo mancomunado han acaparado el protagonismo en comunidades de Río Claro, al sur de Barquisimeto, tras el paso de las fuertes lluvias que dejaron un amplio número de familias afectadas. Si bien sus habitantes denuncian poca atención gubernamental, reconocen que diversas asociaciones, vecinos y algunas iglesias se han unido para tenderle la mano a quienes perdieron sus viviendas y pertenencias en medio del aguacero que arreció durante la noche del pasado 9 de octubre.

Comida y ropa usada, pero en buen estado, son algunas de las donaciones que han llego a sectores de Guayamure como Palo Negro, Bombón y Bomboncito. A estas manos caritativas se han sumado médicos que recorren casa por casa para brindar atención gratuita a quienes hoy día sobreviven en completa vulnerabilidad.

"Aquí hubo muchos daños. Hay productores que no encuentran como movilizar sus cosechas y hasta ahora no le han buscado solución a nadie. Le hacemos un llamado al Gobierno para que solucionen esto, porque ellos no se pueden atener a que las iglesias y las fundaciones nos ayuden. Ellos están colaborando, pero eso es trabajo de los gobernantes. No es posible que solo se dejen ver cuando buscan votos", expone Noelia Alejo, habitante de Palo Negro, quien dice que Guayamure es una zona que a lo largo de la historia ha permanecido ignorada por el Estado.

Algunos habitantes, han tenido que recurrir a la autogestión e intentar reparar los daños por sus propios medios. Tal es el caso de Nelson Daza, quien vive en una colina de Bombón. El deslizamiento de la tierra tumbó los muros de la parte de atrás de su casa dejándolo sin habitación para descansar, además la fuerza del derrumbe se llevó parte de la siembra que tenía meses trabajando.

Nelson tuvo que desarmar un gallinero para reutilizar las laminas de zinc y levantar una construcción que le permitiese resguardarse del sol y del frío.

Aun con asombro cuenta que vio como el agua y la tierra se unían y en fracciones de segundo se llevó parte de sus cosechas de maíz, cambur, café y lechosa. Incluso, recuerda como un árbol de aguacate se deslizó colina abajo y se mantuvo erguido.

La situación para los habitantes de estos sectores se complica aún mas, pues carecen de agua por tuberías y solo dependen de los ríos o quebradas que los bordea, pero el paso de las lluvias dejó mucha turbidez, lo que los obliga a tener que hervir el líquido para poder consumirlo.

Para muchos será difícil borrar esos episodios que día a día invaden sus mentes y les recuerdan lo vulnerable que es el ser humano delante de la naturaleza.

Maribel Pérez es una de las personas que hacen vida en Palo Negro y que además ponen rostro a los cientos de damnificados que han dejado las lluvias en Venezuela. Con lamento comenta que durante dos años ella y su esposo reunieron dinero para edificar el hogar donde formarían su familia, pero bastaron dos horas para que ese sueño se viniera abajo.

"Por mucho tiempo reunimos par construir nuestra casita. Dejamos de comprarnos un par de zapatos o darnos ciertos gustos para consolidar esta meta y resulta que al final solo pudimos vivir acá cinco meses", dice.

El cerro se vino abajo y terminó tumbando la pared trasera mientras ella dormía junto a su esposo. El estruendo fue tan fuerte que ambos saltaron de la cama y temerosos salieron por una de las ventanas. Afortunadamente su madre vive a pocos metros y podía recibirlos sin problema alguno.

"Mi casa y la de mi mamá se encuentran divididas por una quebrada, ese día llevaba mucha agua y no podíamos cruzar al otro lado, Afortunadamente nuestros vecinos salieron al rescate y nos trajeron plásticos y mecates para ayudarnos a pasar", relata.

Como ella hay muchos más. Y es que las personas comentan que aunque Protección Civil se presentó en el lugar y les informó que no toda la población se encuentra en alto riesgo y la zona no es habitable, cada una de las familias que allí se encuentran son de recursos limitados y no tienen la posibilidad de mudarse a otro sitio.

Carlos Yoel González, su esposa e hijos de 18 y 11 años se vieron en la penosa necesidad de mudarse junto a su cuñado, quien también quedó sin techo y actualmente vive en una casa prestada. Allí hacen vida nueve personas, situación que además de incomoda, se hace cada vez más insostenible.

"Arrimadas ni las arepas, es muy maluco vivir así", declara González mientras cuenta que la quebrada que pasa frente a su casa terminó arrasando con con varios metros de tierra, e incluso se llevó la siembra de cambures que allí tenía.

La señora Yajaira recuerda que esa noche nadie pudo dormir. Todos estaban alerta y sin saber a donde ir. Con tal de no permanecer dentro de sus hogares, algunos optaron por subir el cerro y observar bajo la lluvia aquella escena.

La colectividad hace un llamado al Gobierno para que realice el embaulamiento de la quebrada Palo Negro, pues actualmente deben dormir con un ojo abierto por miedo a que se repita lo ocurrido y el agua termine de acabar con lo poco que queda.

Vías se desploman

A lo largo de las vías abundan rocas y trozos de árboles que son el registro de aquel desastre. Como si del fin del mundo se tratara, las calles comenzaron a desplomarse, dejando enormes huecos que deben ser saltados por habitantes que deben caminar largos kilómetros para poder movilizarse.

En el caso de Bombón y Bomboncito, la vía que comunica a ambas comunidades se fue abajo, evitando el paso de vehículos y motocicletas. Para poder salir, deben buscar otro camino que implica un recorrido de más de 4 kilómetros, el cual no es una opción para todos, pues temen que la abrumadora cantidad de escombros no solo le genere daños a los vehículos, sino también físicos, como alguna ruptura de huesos en caso de caer.

Héctor Rivero, productor de la zona comenta que la situación se pudo prevenir. Y es que afirma desde hace ocho años las vías de la zona no han recibido ningún tipo de mantenimiento.

Rivero asegura que en reiteradas oportunidades puso a disposición su maquinaria para realizar los trabajos correspondientes en la vialidad, el único requisito era que el Instituto de Vialidad del estado Lara (INVILARA) por medio de su presidente Wilfredo Torres, les entregase gasoil para cubrir los ocho kilómetros.

"En una oportunidad, aparentemente eso se logró, pero solo nos dieron una cantidad que alcanzó para solo un kilómetro, de resto no nos dieron nada más", comenta.

Agricultores también se sienten de manos atadas por no poder movilizar la siembra que se encuentra a punto de perderse. Eulalio Valera es uno de los tantos que se encuentra siendo consumido por el desespero de no poder transitar por las vías.

"Son por lo menos 5 kilómetros para llegar hasta allá. No podemos traernos eso en el lomo", dice.

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