Aquí hay muchos problemas como cloacas, agua y también asfaltado.

Wendy Orellana

Vecina

Hay zonas que parecen el parque Bararida con culebras y rabipelados.

Nelly Pettit

Vecina

Sería bueno que tumben las casas y construyan apartamentos seguros.

Noriángel de la Cruz

Vecina

Los tanques de agua nos los venden en 5 dólares, es mucho dinero.

Noreibis González

Vecina

Aquí hay gente buena y emprendedora que quiere echar hacia adelante.

Yelitza Colmenárez

Vecina

No vamos a permitir que el hampa vuelva a hacer de las suyas aquí.

Luis Romero

Vecino

Antes daba miedo porque por todos lados se corría peligro.

Nexy Morales

Vecino

La Sábila quiere renacer para poder volver a ser lo que fuimos.

Zuleima Rodríguez

Vecina

No es un secreto que vivimos una época oscura, pero queda gente buena.

María Alvarado

Vecina

Todo se acabó. Sería bueno que ayuden a nuestros vecinos con viviendas.

Yair Mendoza

Vecina

La Sábila: comunidad que busca renacer como el Fénix

Luis Felipe Colmenárez | LA PRENSA DE LARA.- El dicho "crea fama y échate a dormir" se adapta de manera perfecta a una de las comunidades más famosas del estado Lara. Por muchos años, la urbanización La Sábila, al norte de Barquisimeto, fue un foco de miedo, dolor y sangre. Entre sus calles reinaba la delincuencia que sometía a diario a quienes residían en el sector. Hoy día, esa época oscura ha quedado en el pasado y el calor de la gente ha logrado disipar todo lo malo que un día vivieron para comenzar a escribir una nueva historia.

Cuando las personas escuchan el nombre de "La Sábila" se persignan y aseguran sentir el deseo de no tener que pisar nunca dicha comunidad. Y es que lo que fue presentado hace 26 años como el proyecto urbanístico más grande de Latinoamérica pasó a ser en cuestión de años una de las zonas más peligrosas y temidas del continente.

Lo que mucha gente no sabe es que la urbanización se encuentra llena de gente honesta y trabajadora que sueña con mantener vivo el espíritu de la que ha sido su casa desde 1996. Hoy día se encuentran sufriendo las consecuencias de esos días grises, pues son incontables los problemas que golpean su calidad de vida.

En un inicio fueron entregadas 4 mil 520 casas, de las cuales sólo han logrado sobrevivir 2 mil 300, el resto fue blanco de los embates de los delincuentes que en su momento se creyeron "los reyes de la zona" y los obligaban a abandonar sus hogares, para posteriormente demolerlos y asegurarse que nunca más pusieran un pie en el lugar.

"Tienes tres horas para largarte, sino te matamos". Con esa amenaza, los malandros ponían a correr a la gente pare recoger la mayor cantidad de pertenencias posibles. Dicho proceder sólo tenía un objetivo, vender los materiales para adquirir droga y armas.

"Hubo muchas personas que optaron por demoler sus viviendas para vender bloques, cabillas y puertas, construir en otro sitio o simplemente solicitar reubicación ante el Ministerio de Hábitat y Vivienda", comenta el señor Luis Romero, dirigente vecinal que durante años se ha encargado de velar por el bienestar de la comunidad.

Romero comenta que también han tenido familias que han quedado sin casas producto del sedimento del terreno y el colapso de aguas negras, que de un momento a otro comenzó a brotar dentro de los hogares.

De las 17 manzanas que conforman la comunidad, dos ya se encuentran extintas. Se trata de la J y la I, zonas donde anteriormente habían cerca de 300 casas y hoy día no queda una sola en pie. Otros sectores como el H se encuentran al borde de desaparecer, ya que no llegan a 10 las familias que se mantienen viviendo en el sitio.

Para muchos es increíble transitar por las calles y observar cómo de ambos lados sólo abunda el monte. El pavimento, las aceras y algunas escaleras que conducen a la nada son la prueba de que en algún momento allí hubo una zona residencial.

Habitantes comentan que han tenido que tomar sedes institucionales, como uno de los cuatro ambulatorios de la comunidad, el puesto de la Guardia Nacional Bolivariana y la sede de la Misión Ribas para resguardar a familias que han quedado en la calle.

"Las personas de la zona H se niegan a salir de allí, pero ellos mismos se están aislando, actualmente ni siquiera los camiones cisternas van hasta allá porque es un terreno baldío", dice la señora Yelitza Colmenárez, quien explica que algunas de las personas que perdieron sus casas han logrado ser reubicadas gracias a la ejecución de proyectos urbanísticos dentro de La Sábila. Tal fue el caso de "Las Terrazas" y el urbanismo Robert Serra.

Resteados

El urbanismo Robert Serra es un logro de gran presunción para todos. La señora Yelitza comenta que fue en el año 2013 cuando presentaron el proyecto ante el Gobierno nacional. El objetivo era regalar un nuevo techo a todas esas familias que por diversas razones quedaron sin un lugar donde dormir.

Con esfuerzo y trabajo duro la comunidad trabajó en equipo para edificar las primeras cinco torres del proyecto que fue planteado para llegar a 26 edificios.

El Estado patrocinó los materiales y la comunidad se encargó del resto. "Yo fui jefa de cuadrilla, me dieron esa oportunidad y lo hice bien", comenta Yelitza entre risas.

El llamado de todos es a las autoridades regionales para que nuevamente volteen la mirada hacia ellos y los ayuden a terminar de levantarse. Son muchas las familias que esperan por reubicación mientras viven entre las ruinas de lo que un día fueron sus casas vecinas y la maleza que alberga una desmedida cantidad de animales, entre los cuales destacan las serpientes cazadoras que han llegado a atacar a más de uno.

"Aquí hay mucho terreno y muchas personas necesitadas. Esas zonas abandonadas, llenas de escombros y monte se prestan para muchas cosas, un día de estos nos va a salir un oso. Deberían tomar conciencia y construir casas para que se elimine todo lo malo y se le regale a la gente la oportunidad de tener una casa buena y que no los coloque en estado de vulnerabilidad", expone Noriángel de la Cruz.

Ellos no recuerdan cuándo fue la última vez que fueron visitados por algún ente gubernamental. Ni siquiera el colapso de cloacas que se encuentra cercano a la escuela Arturo Uslar Pietri ha hecho que se les ablande el corazón. Son metros y metros de agua contaminada que se encuentran cubiertos por monte y que además emana un olor nauseabundo, que hace que las horas de clases se vuelvan insoportables.

La pobre gente no pega una ni siquiera con Cantv. El servicio de internet en la comunidad es sumamente deficiente, constantemente se cae y son los mismos vecinos los que deben salir a reparar la falla. Es normal caminar por las calles de La Sábila y observar a alguien sobre un poste manipulando el cableado en aras de solucionar la calamidad.

El señor Luis Romero expuso que Cantv les propuso otorgarles un par de antenas satelitales a cambio de dos de los cuatro nodos que actualmente tiene la comunidad, pero todo quedó en palabrería.

Los vecinos han presentado varios proyectos, con la intención de recuperar la calidad de vida que tuvieron hace más de dos décadas; no obstante, no terminan de ser escuchados y quedan con la constante preocupación de observar cómo día a día se sumergen más en las carencias y las necesidades.

"Nuestro deber es mantener la paz, no vamos a permitir que La Sábila vuelva a ser lo que era antes", dice con determinación Romero, quien junto a un grupo de compañeros se encargan de velar por la seguridad de quienes hacen vida en la urbanización.

El asfaltado y la falta de alumbrado son otros problemas que requieren atención inmediata. Las calles se encuentran sumamente deterioradas y amenazan con dañar los cauchos de los vehículos que se adentran al sector.

Además, la oscuridad no da tregua y aunque la comunidad afirma haberse librado del 95% de la delincuencia, aún hay uno que otro mala conducta que puede hacer de las suyas.

Si bien reconocen que recientemente les donaron bombillas para toda la avenida principal, las calles están convertidas en una boca de lobo que pone a temblar a todo aquel que debe transitar por allí a altas horas de la noche.

Sin recreación

El centro deportivo que fue entregado cuando la comunidad fue fundada, hoy día se encuentra a punto de desaparecer. La falta de mantenimiento, recursos y las fechorías de delincuentes que lo desvalijaron han hecho que los jóvenes vivan con la preocupación de quedar sin un espacio donde pasar las tardes y gozar de buenos momentos. Un campo de fútbol, de béisbol y tres canchas múltiples conforman el centro recreacional.

La última remodelación que recibió dicho espacio fue durante la gestión de Henri Falcón como gobernador de Lara, por lo que piden ayuda a las autoridades para que las generaciones futuras puedan disfrutarlo.

Emprendedores

Aquella época en la que a las 5:00 de la tarde se anunciaba toque de queda y todos debían permanecer resguardados en sus casas sólo vive en los malos recuerdos de la gente. Ahora en las noches se siente el movimiento de la actividad económica que cada vez gana más fuerza.

Puestos de verduras, comida rápida, bodegas, heladerías, barberías callejeras, puestos de uñas y cejas, entre otros, son algunos de los establecimientos que predominan en este populoso sector.

"Acá hay mucha gente buena, emprendedora y con muchas ganas de salir adelante", declara Yelitza, quien presume ser uno de los rostros más conocidos por todos los vecinos, gracias a su rol de líder y disposición de querer ayudar a los más necesitados.

Yelitza, también fue tocada por el deseo de emprender. Ella junto a su hijo y otros amigos compraron ovejas, puercos y becerros para dar sus primeros pasos en la cría de animales.

Y es que a pesar de haber vivido días grises, los sueños y las ganas de echar para adelante no han desistido y se mantienen firmes en el sentir de todos los que hacen vida en la comunidad.

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