Parto inhumano prevalece en Lara

Osman Rojas | LA PRENSA de Lara.- La escena era de improvisación total. Dos médicos y una enfermera estaban en uno de los cubículos de la Maternidad del Antonio María Pineda atendiendo un parto. En el compartimiento de al lado, la historia se repetía y en los espacios siguientes destinados para traer bebés al mundo, las parturientas pujaban sin la compañía de los profesionales.

Apenas un médico o una enfermera terminaba labores en un cubículo, se cambiaba los guantes e iba en auxilio de otra madre que estaba a centímetros. Y así, entre carrera y carrera, se desarrollaba la mañana de ayer en la sala de partos del Hospital Central de Barquisimeto. "Parecía que estábamos en un concurso para ver a cuántas parturientas podríamos atender", explicaba una fuente interna de la Maternidad cuando detallaba el caos que se vivía desde la madrugada en el primer centro de salud pública de Lara.

Tan grande era el colapso dentro del servicio médico que las mujeres, luego de dar a luz, se quedaban con la placenta afuera esperando que un médico le hiciera limpieza profunda. 15 o 20 minutos era el tiempo promedio que debían aguantar así hasta ser atendidas. "Nuestro objetivo era sacar al muchacho sano y salvo de la barriga", era el argumento que usaban médicos al defender esa práctica que retrasaba la atención de las embarazadas.

La masiva cantidad de mujeres atendidas en el Antonio María Pineda obligó a los médicos a acomodar hasta cinco niños en una servocuna (aparato médicos diseñado que brindan una zona térmica de confort al recién nacido) cuando originalmente está diseñada para que esté sólo un bebé. Este uso fue un recurso alternativo que usaron los profesionales, pues no hay tantos aparatos en la maternidad para acostar a los neonatos. En una gráfica que logró obtener LA PRENSA se veía a los pequeños uno al lado del otro en una área donde el ruido era ensordecedor, pues en un espacio diseñado para recibir a unas 40 parturientas habían más de 70 mujeres esperando para dar a luz.

"Los niños eran acostados como animales. Las mujeres eran atendidas una al lado de la otra porque no había espacios", decían los trabajadores. El colapso en el servicio era tan evidente que, de acuerdo a los datos oficiales que maneja la institución, desde las 12:00 de la madrugada hasta las 10:30 de la mañana de este jueves el centro médico había atendido 61 partos, lo que representa una alteración significativa en la tasa de natalidad pues, en promedio, la institución recibe entre 30 y 40 infantes por día.

Por otros hospitales

"Aquí nadie se sienta. Las mujeres no dejan de llegar", decían los trabajadores del servicio de emergencia ginecobstetra del Hospital Central, quienes veían con asombro cómo el cierre temporal de la Maternidad del Seguro Social Pastor Oropeza (hay un bote de aguas servidas que contaminó el área) y la poca capacidad de respuesta que presenta la maternidad de La Carucieña (allí no hay cómo hacer cesáreas) colapsó la sala de partos del Antonio María Pineda.

"La poca inversión que se ha hecho en el sector salud ha dejado sin capacidad de respuesta a la red hospitalaria. Las maternidades son servicios básicos que deben funcionar en el estado, pero debido a la crisis, el único espacio que puede brindar atención a las parturientas es el Central y eso genera que haya una masiva cantidad de pacientes", señaló René Rivas, presidente el Colegio de Médicos en la región cuando observó las gráficas del desorden en la sala de partos.

El despelote para atender a pacientes se salió de control a eso de las 9:30 de la mañana. Los médicos de la institución decidieron paralizar todos los ingresos y aclararon que atenderían sólo las estrictas emergencias, sentencia que asombró a los familiares que se encontraban a las afueras de la maternidad.

"Llegamos a esa conclusión porque habían sólo cinco médicos (dos especialistas y tres residentes) y cuatro enfermeras. No había forma de darle respuesta a todas las mujeres que llegaban", decían fuentes internas del centro especializado al referir que en el lugar habían 60 mujeres esperando por revisión.

El colapso dentro del área de Ginecobstetricia no sólo trastocó el ritmo de trabajo de las personas en maternidad sino que también el área de Pediatría se vio afectada, pues en el Hospital Central sólo habían dos médicos (un especialista y un residente) para valorar a los recién nacidos.

"La orden que le dieron a los médicos era que el niño se daba de alta en un lapso de 12 horas. Si no tenía valoración del pediatra de la institución, la madre tenía que buscar al especialista por fuera y esa es una práctica que violenta por completo los principios de la medicina. Ni siquiera estamos diagnosticando al niño de una manera correcta y eso puede representar un riesgo para el infante", señalaron desde el área cuando LA PRENSA consultó si se estaban cumpliendo los procedimientos legales y ordinarios a la hora de atender un alumbramiento.