La mejora económica en Venezuela sigue en deuda para el próximo semestre

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CaritasPrensa

Ni se han canalizados los recursos naturales como potencial de crecimiento.

Gerardo Álvarez

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Se migra a la dolarización y se revaloriza el tipo de cambio. Esto va lento.

Dilio Hernández

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No hay medidas de políticas económicas que permitan solventar.

Naudy Pereira

Consultado

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El petróleo que sería de soporte, no supera fallas en refinerías.

Carlos Ñañez

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Lo informal no genera valor agregado y solo es sustento familiar.

Edgar Urbáez

Consultado

Guiomar López | LA PRENSA DE LARA.- Esa recuperación en el país de la que tanto se habla, no es concebida por especialistas que confirman los primeros seis meses de 2022 con el crecimiento fraccionado y advierten lo delicado de despertar expectativas engañosas, cuando se arrastra la caída paulatina de la economía entre 75% a 80% desde 2013. Señalan estimaciones que no superan en 3% del Producto Interno Bruto (PIB) y con proyecciones atrevidas sin llegar a 8%, con el clamor al Estado por políticas de confianza para la inversión y garantía en la operatividad en la producción superando ese esfuerzo en menos del 30% de la capacidad instalada, desde el sector petrolero, industrial y agrícola.

La productividad es la palabra clave para ese levante como nación y que los expertos reiteran desde la base sólida, con campo laboral formal, producción de bienes y servicios que motiven la demanda, junto al consumo desde la capacidad de compra. De allí, que la Comisión Económica para América Latina (Cepal) reconoce lo complejo del proceso y estima posiblemente que la economía llegaría a crecer en 5% del PIB, mientras desde el Fondo Monetario Internacional (FMI) son menos alentadores y apenas ubican en 1.5%. Una de las razones para que el economista Luis Vicente León, estime que el crecimiento debería ser de 10% anual y consecutivo por dos décadas para llegar a niveles que se tenía en 1.997.

Para Gerardo Álvarez, economista y profesor titular jubilado de la UCLA, "la tarea no es nada fácil y el análisis debe hacerse desde la realidad pública". Confirma que el crecimiento sería lento y con la posibilidad de 5% del PIB que se estima en $50 mil millones. "Si llega a 10% tampoco sería tan representativo, a menos de mantenerse de 8 a 10 años y llegar a niveles de 2.013", resalta del decaimiento desde ese año y que actualmente ubica la economía nacional similar a la de Guatemala, Costa Rica y Ecuador, países más pequeños y sin tantos recursos naturales, que no han sido canalizados en Venezuela como los potenciales de crecimiento.

Lamenta que la inversión privada ha disminuido en 80% por la falta de seguridad y eso explica una de las principales causas del reciente registro de Fedeindustrias, al mencionar la caída en 70% del parque industrial y quienes siguen trabajando, apenas lo logran con 20% de la capacidad instalada.

Señala que se debe profundizar con empleo estable, más allá de esa mayoría disfrazada desde la informalidad y que terminan como la salida desesperada para generar otro ingreso. Reitera la necesidad de trascender de los repuntes parciales que van del ligero ascenso en servicios profesionales, encomiendas, restaurantes, entretenimiento, sector aéreo con 12 líneas disponibles y comercio informal.

Las proyecciones que puedan olvidarse de la realidad son cuestionadas por el economista Naudy Pereira Saer, quien rechaza que se trate de la historia de "Alicia en el país de las maravillas", cuando no se ha mejorado desde lo productivo con lo industrial y agrícola, mientras se agudiza con la abrupta caída de la seguridad alimentaria con más del 80% de la población que no puede adquirir la canasta básica estimada en $480. Rostro que señala ese 96% de pobreza registrado por la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) de la UCAB.

"Seguimos mal mientras no se tenga la capacidad de comprar alimentos y satisfacer las necesidades esenciales", critica frente a un cono monetario depreciado a 30% y el bolívar se pierde frente al dólar, con una inflación que avanza a sus anchas, sin bajar del 8% a diario. Crece la tasa de inflación y empobrece, sin las medidas políticas y económicas que permitan solventar. "Nuestra moneda queda sustituida en un 70% y todas las transacciones por dólares", refiere de una dolarización de facto, a sabiendas que dicha unidad monetaria no es legal.

Se detiene al recordar que según estimaciones, la caída del PIB es de 85% desde 2014 y siendo evidente en ese bajón de $ 300 mil millones a $ 45 mil millones en 2020. Esto le permite considerar ese reducido tamaño de la economía que clama por producción de bienes y servicios, con ese repunte en más de 48% de informalidad, debido al desempleo entre la población económicamente activa desde los 15 años de edad. Una salida desde un espacio sin garantía de salario digno y ni seguridad social.

"No es suficiente para decir que estamos creciendo y menos en recuperación", precisa el economista Edgar Urbáez al descartar un avance en los próximos 6 meses. Rechaza las expectativas engañosas desde lo oficial y se pueda crecer de manera desmesurada, al considerar que el sistema estadístico venezolano pueda tener un error de 40%, ante la falta de datos reales y deja la pregunta abierta: "¿Cómo es que Venezuela va creciendo, pero sigue alta la pobreza crítica?".

Califica al Banco Central de Venezuela (BCV) como si se tratara de un centro de belleza, a disposición para "maquillar" cifras, cuando empresas salen de la línea de producción y deben superar trabas administrativas y sin políticas monetarias.

Ese estancamiento también es denunciado por el economista Dilio Hernández, al reiterar entre "picos y bajadas" que muestran un ligero crecimiento irregular, con un mínimo respiro en el petróleo por el precio entre $50 a $100 y sin mejoría en producción. Además de la merma del sector industrial que se reduce de 12 mil a entre 2 mil a 3 mil industrias en el país. Todo con la falta de financiamiento interno y el peso de insumos importados.

Tal proceso abierto de contracción económica, lo lamenta el economista Carlos Ñañez con el rebrote inflacionario y deslizamiento del tipo de cambio a una depreciación de 16%. Precisa que hay más dependencia de la importación y ni siquiera se tiene información precisa desde 2019.

Considera que el consumo doméstico del trabajo informal no aportan al país y termina como el complemento de la ocupación activa que ha sobrevivido desde el emprendimiento, mientras la caída del PIB supera el 75%.

Las fallas dejan una larga cadena de secuelas, donde el motor productivo y petrolero sigue quedando en ascuas, a la espera de un verdadero incremento que permita reconocer una recuperación, pero desde las bases sólidas de un plan integral de políticas para la protección y seguridad de inversión. Esperan por la disposición política.

Solo de consumo propio

El crecimiento de la economía no puede darse desde la mayoría que supera el 48% de informalidad, tal como lo advierte el economista Edgar Urbaez, al referirse incluso a la distorsión del concepto que se maneja acerca del emprendimiento y aún así no genera valor agregado.

Esto lo explica como esas ocupaciones que puedan generar ingresos, principalmente para el consumo doméstico, porque no aportan al PIB, no ofrece empleo y tampoco se rige por el sistema tributario o fiscal. Se trata de un consumo inmediato, con el riesgo de crecimiento de la pobreza. "Es esa brecha entre tener o no tener", precisa.

También menciona ese grado de desigualdad que ha venido instalando, con aquellos con poder adquisitivo y una mayoría que ni siquiera llega a costear la canasta básica, además de cargar con la preocupación para gastos en salud, educación y hasta recreación.

Una valoración desde un país, donde hasta ese campo laboral público, abandona sus beneficios y condena a las necesidades hasta a profesionales.

Se necesita crecer desde lo integral

Ningún venezolano puede estar en desacuerdo con el crecimiento económico, pero debe tener la garantía del plan integral y factible de recuperación nacional. Así lo considera el economista Gerardo Álvarez, ante la necesidad de mayor gasto público, incremento del consumo y reactivación de los subsectores.

Reconoce los efectos que se sienten desde el conflicto entre Rusia y Ucrania, frente a la incidencia en petróleo, gas y hasta insumos para la producción agrícola. De allí, la necesidad de superar esas ligeras alzas en servicios profesionales, encomiendas, restaurantes y por aerolíneas, sin olvidar esa informalidad que no ofrece valor agregado en el desarrollo económico de una nación.

Pide al Estado el establecimiento de prioridades, que empiezan por reconocer esa necesidad del financiamiento internacional y fomentar programas sociales con miras en protección a la población, un respaldo que se apoyaría desde la eficiencia de los servicios públicos, al considerar los golpes en producción debido a los cortes de electricidad sin planificación y fallas en suministro fijo de agua.

"Cuando se habla de programas sociales es ir más allá de la entrega de una bolsa de alimentos", advierte de un beneficio que puede extenderse en el tiempo, no cubre las necesidades proteicas ni la cantidad de alimentos para cubrir el mes de espera.

Sugiere la consideración de programas de créditos internacionales y que se pueden complementar con exportación de petróleo, oro y otros. Un tema que procura salir la precariedad entre las necesidades sociales, esas que terminaron de agravarse luego de la pandemia por Covid 19.

Lamenta que menos del 10% de los venezolanos tienen las posibilidades de costear la canasta básica, una lucha diaria para sobrevivir y aguantarse dificultades por fallas en servicios.

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