Crédito: Alberto Briceño

Ya no queremos oler pupú. Esto es inhumano, necesitamos atención.

Hilda Rodríguez

Vecina

Tengo un niño pequeño y mis papás son de la tercera edad, ellos son vulnerables.

María Rea

Vecina

Mi hija estuvo hospitalizada durante una semana por problemas respiratorios.

Osvalier Arroyo

Vecino

Lo peor de todo es que cuando llueve el agua se nos mete a las casas.

Ana Pérez

Vecina

Guaro Mirón | Colapso de cloacas acaba con calles de Las Veritas y Altos de Jalisco

Guaro Mirón | LA PRENSA DE LARA.- ¡Por el aroma yo lo sé! Hace unos días decidí echarme una pasadita por Las Veritas y Altos de Jalisco, parte baja, al noroeste de Barquisimeto. ¡Na guará!, tenía añales sin asomarme por esos lares, ¡cuánta falta me hacía el contacto con mi gente!

Pero bueno, mientras me iba acercando a mi destino comencé a sentir un tufo que ya reconozco a kilómetros de distancia. Y es que Barquisimeto ha pasado a ser un campo minado de cloacas colapsadas, en cualquier lugar hay una que aromatiza todo a su alrededor.

El pequeño colapso de aguas negras que empezó desde hace al menos un año se convirtió en una bomba de tiempo que con el pasar de los meses se apoderó de al menos 12 cuadras, hasta el punto de destrozar por completo una de las calles principales que conecta a ambas comunidades.

"Ya estamos cansados de oler pupú", comenta la señora Hilda Rodríguez, quien comenta que la situación es tan crítica que ya ni comer pueden.

Es que ni siquiera yo, que sólo tuve una corta visita por el sector me salvé. La señora Hilda me sirvió una taza con caraotas que sabían a gloria, pero la pudrición no me dejó disfrutarlas como me hubiese gustado.

Mientras yo comía aquel suculento plato llegó una caravana de gente que gritaba por ayuda. "¡Ay, Guarito, al fin alguien se acordó de nosotros!", decían mientras me abrazaban.

Bueno, me puse a caminar por toda esa vía a la luna. De broma y me caigo de boca porque las corrientes de agua que se forman entre la lluvia y el colapso de las aguas negras es tan fuerte que ha acabado con todo a su paso.

Escombros y más escombros es lo que se ve por allí. El problema es tan grande, que ahora ni siquiera los vehículos pueden pasearse por el lugar, ocasionando que ahora ni puedan recibir visitas para tomarse un cafecito y echar cuentos.

Es que ¡Na' Guará! Con sólo ver las casas se evidencia lo terrible que se torna la situación cuando caen los aguaceros. Una línea marca el nivel del agua, y no les miento, es bastante alto.

Lo peor del caso es que en casa de mi nueva amiga, María Rea, ya ni el baño pueden usar. Esa pobre familia, de la que forman parte dos adultos mayores y un niño, debe caminar varias cuadras para poder hacer sus necesidades, porque tanto por la poceta como por el inodoro brota el agua piche.

"Mi papá tiene 74 años y a veces le cuesta aguantar. Es algo sumamente inhumano", dice María llena de molestia e indignación.

La situación también los afecta para dormir. Al caer la noche, algunos ni siquiera pueden dormir en sus cuartos por la cercanía a la fetidez.

Además, temen que se genere un brote de enfermedades, y es que más de un niño ha estado hospitalizado por problemas respiratorios generados por la corriente de agua sucia.

A punto de caer

Otro problemón de la comunidad está relacionado con un enorme y frondoso árbol que está a punto de caramelo y en cualquier momento se viene abajo y aplasta una de las viviendas de la zona.

La pobre señora Ana Pérez ya no encuentra qué hacer para ser escuchada. Afirma que ha sido visitada en tres ocasiones por el Cuerpo de Bomberos de Iribarren, quienes le dijeron que debía buscar otro lugar para vivir.

Cuando llueve, más de uno empieza a pegar brincos y sin saber dónde esconderse. El gigante natural comienza a traquear como si se tratase de la espalda de un abuelo de 90 años.

El tronco está doblado. Y además se encuentra justo al lado de la cancha deportiva de Altos de Jalisco, por lo que más de un chamo corre peligro.

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