Colinas de El Trompillo se restea con la autogestión de su gente

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El agua llega todos los viernes, pero eso igual no es suficiente para la gente.

Linda Bermúdez

Vecina

Estamos castigados con los servicios, todos los días se nos va la luz.

Rafael Bermúdez

Vecino

Tardamos alrededor de un mes para terminar de construir una casa.

Jesús Mendoza

Vecino

Todos nos hemos reunido y ya hay varias casas que fueron comenzadas.

Roger Rodríguez

Vecino

La gente se reunió con el líder comunitario y decidieron iniciar el proyecto.

Isabel Rodríguez

Vecina

La delincuencia es terrible, los ladrones se la pasan robando.

Felismar Torrealba

Vecina

Yo no estoy beneficiado, pero igual vengo a ayudar a mis vecinos.

José Guerrero

Vecino

Nosotros pondremos la estructura y el Gobierno nos donará el resto.

Yelimar Colmenárez

Vecina

Pareja acoge a refugiada ucraniana y 10 días después huyó con el marido.

Henry Vargas

Vecino

Todos los días venimos a trabajar porque queremos una casa bonita.

Yeimy Espinoza

Vecina

Luis Felipe Colmenárez | LA PRENSA DE LARA.- Justo a los pies del reconocido cerro La Cruz, al noroeste de Barquisimeto, se encuentra Colinas de El Trompillo, una comunidad que data de más de 50 años en los que no ha percibido desarrollo de ningún tipo. Los extensos caminos de tierra y la fabricación de ranchos desnudan la precariedad y la pobreza en la que se encuentran sujetas alrededor de 250 familias que actualmente residen en la zona.

La falta de servicios básicos y la poca atención que han percibido por parte de los entes gubernamentales los llevó a tomar una firme decisión, que tiene como principal objetivo cambiar sus estándares de vida y suprimir cada uno de los ranchitos que no ofrecen seguridad, logrando además dar una mejor imagen de la comunidad.

Entre todos los vecinos procedieron a recaudar 5 dólares por familia para dar inicio a un sueño que no tiene marcha atrás. El proyecto trata de la edificación de viviendas de adobe fabricadas desde cero con sus propias manos.

La primera tarea de la lista fue comprar una máquina de bloques de adobe que tuvo un costo de 150 billetes verdes. Ya con eso tenían un gran camino adelantado, lo único que faltaba era la mano de obra y eso es lo que abundaba en el sector.

"El que quiere tener lo suyo viene y trabaja duro", dice la señora Yelimar Colmenárez, quien explica que a diario trabajan desde las 7:00 de la mañana hasta las 6:00 de la tarde. En la jornada sólo cuentan con una hora de descanso para almorzar, pero el resto del tiempo se la pasan echando pico y pala para que la obra camine y puedan decir pronto que lograron su objetivo. Niños y adultos han combinado esfuerzo y talento para dar paso a la materialización de esa meta.

Ellos mismos extraen la arena del cerro para posteriormente elaborar los bloques que terminarán dando forma a las paredes. Por día pueden sacar hasta 500 piezas, lo que es algo considerable, teniendo en cuenta que cada vivienda se lleva entre 2 mil y 2 mil quinientos bloques.

"Todos tenemos derecho a tener cosas bonitas". La frase la suelta la señora Yeimy Espinoza mientras explica cómo las ganas de tener una vivienda digna la ha motivado a cada día salir a "sudar la gota gorda", sólo para edificar paredes que den abrigo a sus seis hijos.

Como ella hay otras nueve personas que esperan verse beneficiadas en este primer grupo de viviendas asignadas. En total, son 40 hogares que tendrán dos y tres habitaciones, baño, cocina y sala. "Así sea con adobe, todo es mejor que un rancho y eso se agradece", continúa diciendo Yeimy.

Los vecinos explican que toda la logística que han venido desarrollando se encuentra encabezada por el líder vecinal Richard Camacaro, quien se ha encargado de establecer el enlace correspondiente entre la comunidad y el Gobierno para que bajen los recursos faltantes.

Este grupo de "albañiles" destaca que su trabajo es sacar el pecho y avanzar la construcción a un 70%. El 30% corresponde a techo, puertas, ventanas y juego de baño que serán otorgados por el Estado.

Nadie está cobrando un solo bolívar por el trabajo. Incluso, hay personas que a pesar de no estar incluidas en el proyecto van y tienden la mano para sacar a flote la solidaridad y el amor por sus vecinos de tantos años.

El que más beneficiado sale en medio del proyecto es el bolsillo de quienes finalmente tendrán su casa. Y es que cada familia tendrá que pagar solamente $40 para comprar los diversos materiales que se requieren para la obra.

Mucha necesidad

Medio siglo ha transcurrido desde que llegaron las primeras familias a Colinas de El Trompillo y hasta el sol de hoy se mantienen esperando por una gran cantidad de beneficios que no terminan de llegar y sin lugar a dudas socavan su bienestar.

Uno de los más notables es la falta de asfaltado y aceras. Por tratarse de un cerro, los vecinos relatan que cuando llegan las lluvias baja una considerable cantidad de agua que deja el camino hecho un pantanal que les impide desplazarse hasta la calle principal para tomar un bus y salir a hacer sus diligencias.

Además, explican que necesitan que de una vez por todas les instalen el servicio de aguas servidas, debido a que la mayoría de los hogares se valen de pozos sépticos que en cualquier momento van a terminar llegando a su punto máximo.

De igual manera, piden alumbrado para poder combatir la delincuencia que no da tregua y vive acechando a las más de 200 familias que hacen vida en esta comunidad.

El centro de recreación para chamos está en ruinas

Sólo queda su foto, sólo queda el recuerdo. En el pasado han quedado aquellos días de gozo y diversión que se vivían en la cancha de la comunidad Colinas de El Trompillo.

Lo que anteriormente era un espacio de esparcimiento, hoy se ha convertido en ruinas. Ya los chamos no cuentan con un espacio óptimo en el cual puedan hacer ejercicio o practicar disciplinas deportivas, como fútbol, voleibol, y kikimbol.

De la estructura sólo quedan los tubos. La cerca y parte del techo fueron tomados por los amigos de lo ajeno que poco a poco fueron haciendo de las suyas, además han dejado huecos en las paredes, pues han extraído algunos bloques.

Las que actualmente tiene fueron improvisadas por los mismos jóvenes que utilizaron algunos tubos para dar forma a un cuadrado.

Uno de los tableros para jugar básquet también desapareció de la noche a la mañana. Hoy por hoy sólo queda uno, que además no cuenta con el aro donde se encesta la pelota.

Los alrededores se encuentran llenos de monte, situación que amenaza a los chamos con ser víctimas del ataque de alguna culebra que se encuentre escondida entre la maleza.

"Aquí hay muchos muchachos que necesitan la cancha para divertirse y distraer la mente. Sería bueno que el Gobierno nos ayude para que la recuperemos y vuelva a ser eso que era antes", dice la señora Isabel Rodríguez.

Asimismo, consideran necesario que los doten de implementos deportivos, ya que comprar un balón resulta costoso y ellos tienen otras prioridades.

"Queremos que el gobernador nos ayude para que podamos tener un sitio donde jugar como se debe. Hay que ponerla pepona", dice entre risas uno de los niños que cada tarde acude al sitio en busca de diversión junto a sus amigos.

Reina el mal olor y la suciedad

En Colinas de El Trompillo ni la sombra del aseo quedó. La comunidad cuenta que la acumulación de basura ha pasado a ser un completo tormento, al punto de sentirse entre la espada y la pared.

La única opción que encontraron para deshacerse de la basura es lanzarla hacia los lados de la cancha deportiva, donde crearon un vertedero improvisado que pasó a ser un criadero de animales

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