Árbol de 15 metros amenaza a ocho familias del barrio La Feria

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En esta comunidad hay muchos problemas que necesitan ser atendidos.

Beatriz Colmenárez

Vecina

No dejo que mis nietas jueguen en el solar. Puede caerles una rama.

Haydée Yépez

Vecina

Entre los escombros salen rabipelados que se comen mis gallinas.

Lucinia Zambrano

Vecina

Hemos acudido a todos los entes y nadie nos ayuda con el problema del árbol.

Josefina Pérez

Vecina

El año pasado se cayó una rama que traspasó mi techo y casi me pega.

Patricia Acosta

Vecina

Cuando hay ventarrones, el árbol se mueve de lado a lado y da miedo.

Isabel Zambrano

Vecina

Tengo 43 años viviendo a orillas de la quebrada y nadie la limpia.

Luicilia de Pérez

Vecina

En esta zona de Barquisimeto hay demasiadas necesidades que atender.

Esther Santana

Vecina

Por esta zona se ve mucho la cría de animales y la siembra de alimentos.

Martina Zambrano

Vecina

Mi casa está hecha de adobe y algunas paredes ya empezaron a caerse.

Yoana Santana

Vecina

Luis F. Colmenárez | LA PRENSA DE LARA.- Su imponencia es tan grande como el peligro que representa. Un árbol de aproximadamente 15 metros de altura tiene con los pelos de punta a por lo menos ocho familias del barrio La Feria, ubicado al este de Barquisimeto. Integrantes del núcleo familiar temen que en cualquier momento este colapse y deje sin techo a más de uno o inclusive pueda ocasionar una tragedia.

Cada tarde la señora Haydee Yépez debe pelear y explicarles a sus pequeñas nietas, que por ningún motivo pueden salir a jugar al patio, ante el problema de las ramas de gran peso que han caído sobre el terreno, lo que le genera temor por las dos pequeñas.

Como ella, se encuentran otras siete familias con un total de 12 pequeños que no pueden siquiera asomarse a respirar aire fresco o recrearse.

Estar bajo este gigante natural es sinónimo de tranquilidad, bienestar y frescura, no obstante, nada se compara con la paz que le daría a las personas no sentir la amenaza latente respirándoles en el cuello.

"Ese árbol se lo regalaron a una señora, para decorar la mesa pero ella lo sembró en el patio y mire el tamaño que tomó", explicó la señora Lucinia Zambrano, quien es la persona que hoy día habita esa vivienda y tiene en su patio el frondoso recurso natural.

De las 325 familias que hacen vida en el sector que cuenta con más de 80 años, ocho están al alcance del árbol. Pero bajo la tierra, las raíces siguen expandiéndose, llegando a un mayor número de casas que incluso han comenzado a sufrir colapsos de cloacas.

"Hace un año estaba comiendo y sobre la mesa cayó una rama gigante que me rompió el techo, de broma no me cayó encima", recuerda la señora Patricia Acosta.

Las personas relatan que cuando el clima se torna lluvioso terminan temblando y no precisamente por frío, sino por miedo. Las ramas se mecen de lado a lado y mantiene a los residentes con el Jesús en la boca.

Desde hace por lo menos 20 años comenzaron los primeros acercamientos con los entes competentes para que el árbol sea talado y dar así finalmente descanso a las familias afectadas. Todo comenzó cuando las raíces hicieron colapsar una pared de 80 metros que dividía dos de las viviendas.

"Para acá han venido los bomberos, y todos los gobiernos que han pasado. El alcalde Luis Jonás Reyes vino en diciembre y mandó a una muchacha a inspeccionar, pero ella solo miró y más nunca volvió", comenta la señora Haydee.

Relatan que recientemente Emica los visitó y les dijo que el árbol no podía talarse, pues ante sus ojos es "muy bonito". Aparte le "recomendaron a los vecinos vender los troncos para hacer muebles y las hojas para hacer coronas fúnebres".

"Ellos nos dicen que le saquemos beneficio económico, pero no tenemos ni una fábrica para hacer muebles y coronas", comenta entre risas Lucinia.

De igual manera, les hicieron saber que podrían aprobar la tala del árbol pero si la misma comunidad se hace cargo del traslado de los escombros, y asumen la responsabilidad en caso de que alguna de las viviendas sufra percance. "Eso acarrearía mucho gasto, y no tenemos recursos para pagarle a un camión para que bote tantas ramas", afirma la señora.

Lo peor del caso es que en medio de los escombros que dejan las ramas cuando caen, se crían culebras, ciempiés, y hasta rabipelados que se comen las gallinas que con tanto sacrificio crían los vecinos.

Indignados, los vecinos comentan que a pesar de estar en una zona céntrica, están siendo ignorados por los entes competentes, y es que ni siquiera las bolsas Clap las han vuelto a recibir. La última vez que recibieron este beneficio fue en diciembre del año pasado.

Aseveran que entre todas las personas que hacen vida en esta zona popular abundan los buenos corazones que sueñan con vivir sin ningún tipo de carencias y encaminarse hacia el desarrollo.

Aunque la mayoría de las casas son de bloque. Hay algunas que fueron hechas con materiales nada resistentes como láminas de zinc y adobe, las cuales ya están en proceso de deterioro.

Un caso particular es el de la señora Emilia Zambrano, quien a sus 89 años ha visto como la casa que con mucho esfuerzo levantó su difunto esposo, ha comenzado a caerse a pedazos y no ha recibido ni un solo bolívar para poder recuperarla.

Los remiendos se ven en cada rincón pero esta abuela se niega a mudarse con sus hijos, pues no está dispuesta a abandonar el hogar en el cual vio crecer a cada uno de los integrantes de su familia.

Otro problema latente es la falta de asfalto, sin culminar, varias calles siguen siendo de tierra, situación que termina engorrosa cuando llueve, porque los obliga a salir a zapatear sobre el barro. Piden a las autoridades que se apiaden de su situación.

Vecinos exigen un embaulamiento

La comunidad de La Feria es atravesada por una quebrada que desde hace varios años no es atendida. Las personas explican que se encuentra rodeada de abundante maleza apta para la guarida de animales y de jóvenes ociosos que llevan a cabo acciones nada sanas.

"Para poder vivir aquí es necesario tener una lancha", dice entre risas la señora Josefina Pérez.

El agua que corre por el caudal es de una naciente, motivo por el que los alrededores son sumamente fértiles y dan paso al nacimiento de plantas que con el transcurrir del tiempo se adueñan del terreno.

"Es terrible, porque hay chamos que utilizan la quebrada para esconderse y aprender a fumar droga", dice una vecina que prefirió no decir su nombre para evitar acciones en su contra.

Cuando llueve, la quebrada tiene crecidas que amenazan con comerse la tierra y alcanzar las 50 viviendas que fueron construidas a sus orillas.

Los vecinos consideran que para terminar con el problema, el Gobierno debe evaluar la posibilidad de embaular la quebrada, y así brindar mayor seguridad a todos los que hacen vida en la peligrosa zona.

De igual manera, consideran prudente construir un puente para no correr riesgos cuando el afluente incrementa su caudal, y así poder cruzar de un lado al otro con seguridad.

"Vivo del otro lado de la quebrada. Hoy mis hijas ya están grandes, recuerdo que hace unos años atrás me tocaba montármelas en la espalda para poder atravesar, y era toda una tarea titánica", relata la señora Martina Zambrano.

A la hora de salir, las personas deben recurrir a las chancletas y caminar hasta la vía principal para no ensuciarse los zapatos y llegar presentables a su destino.

Hacen un llamado a las autoridades para que escuchen sus suplicas.

El agua no termina de llegar

En el año 2013, Hidrolara instaló nuevas tuberías para que el servicio de agua beneficiara a toda la comunidad. Sin embargo, quedó pendiente la visita de un ingeniero para hacer la revisión de los trabajos realizados.

No obstante, han transcurrido nueve años sin la visita prometida, y mucho menos el agua.

En consecuencia, algunas familias decidieron conectar pequeños tubos con los cuales hicieron tomas para llevar el vital líquido hasta sus hogares.

"Nos han dicho que el problema está en las tuberías se tapan porque las demás están demasiado viejas y largan pedazos que obstruyen todo. Esas tienen más de 50 años y nadie se ha preocupado por sustituirlas", explica Josefina Pérez.

Interrumpen el servicio los lunes, miércoles y viernes.

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