Los servicios básicos son nulos en el sector Negra Matea 

logo170

En mi caso debo realizar veinte viajes al día con el bidón para alcanzar a llenar mis dos pipas.

Juan Daboín

Vecino

En mi caso debo realizaron veinte viajes al día con el bidón para alcanzar a llenar mis dos pipas.

Érika Vásquez

Vecina

Nos toca pasar toda la noche llenando. Nos turnamos todos en casa para poder dormir.

Yackelín González

Vecina

Desde hace tres años no llega agua a mi casa, debo ir casa por casa a ver quién me regala.

María E. Méndez

Vecina

En esta zona tenemos demasiadas necesidades. El aseo es un servicio que no es frecuente.

Rosalba García

Vecina

Mi casa es muy humilde y pequeña, cuando llueve se me moja todo y debo dormir en un mueble.

Anadilia Crespo

Vecina

El mayor problema que tenemos todos está relacionado con las fallas del servicio de agua por tuberías.

Rigoberto Salas

Vecino

Yo ofrezco clases en mi casa para tratar de evitar que los jóvenes se vayan por mal camino.

Ana Piñango

Vecina

Nos toca buscar cupo en escuelas que quedan un poco retiradas, porque acá no hay.

Nedis Benítez

Vecina

A pesar de estar comprometidos con el Gobierno, es poca la ayuda que logramos obtener.

Juan Brito

Vecino

Luis F. Colmenárez | LA PRENSA DE LARA.- En lo más alto de los cerros que rodean al macrosector de El Jebe, al norte de Barquisimeto, se encuentra una humilde y calurosa comunidad que a pesar de tener casi medio siglo de fundada, hoy día no termina de ver luz en medio de necesidades y limitaciones que les impiden salir adelante. Se trata de "Negra Matea", sector bautizado bajo el mismo nombre de la recordada esclava de la familia del Libertador, Simón Bolívar, siendo ella sinónimo de fortaleza, entereza y ganas de superación.

Fue el 21 de septiembre de 1972 cuando comenzaron a aparecer los primeros hogares en medio de las polvorientas calles que constituyen la zona. El paso del tiempo no fue en vano y paulatinamente fue creciendo hasta llegar a albergar hoy día a 1.370 familias.

Son tantos los problemas que han venido acarreando durante años, que para los vecinos es difícil nombrar tan sólo uno. El más grande de todos han sido las constantes fallas que han enfrentado con el servicio de agua.

Para ellos, el vital líquido es oro puro porque para poder llegar hasta la zona deben atravesar largas e inclinadas calles por las cuales resulta imposible que suba un camión cisterna, ante este motivo sólo dependen de las tuberías por donde reciben el servicio los días lunes y miércoles, pero con poca presión.

Pero no todas las casas se ven beneficiadas, hay quienes llevan años en completa sequía, especialmente los que viven en la zona alta.

De las calles de tierra sobresalen delgados tubos, de los cuales la gente conecta bombas con la intención de llenar sus tobos y arrastrarlos hasta sus viviendas, hasta terminar de llenar sus pipas o tanques.

"Debo hacer 20 viajes con el bidón para llenar dos pipas que tengo en la casa. Los vecinos me regalan agua, pero cuando ellos no tienen me toca ir hasta la Ruezga a comprar y de ahí arrastrarlo por toda la subida. Es bastante rudo", contó Juan Daboín.

La situación es mucho más compleja cuando el clima se torna lluvioso, pues deben trasladar todo ese peso por calles de barro que rueda colina abajo en grandes cantidades. Y es que en todos los años que han transcurrido no cuentan con pavimento, sólo aceras que no cubren todo el sector.

Un panorama parecido al de los cisternas es el que viven en materia de aseo urbano. Muy pocos son los camiones que se animan a seguir la ruta hasta lo más alto de la comunidad. Por este motivo, deben llevar sus desechos hasta la calle 6 de la parte baja de Negra Matea, para que así el camión que hace el recorrido por la vía principal de El Jebe las recoja. No obstante, crea un foco de contaminación que da una mala imagen.

Otros han creado vertederos improvisados que no han dejado nada bueno a la zona, por el contrario están enfrentando problemas respiratorios. Una vecina sufrió quemaduras en las piernas mientras intentaba sofocar el fuego que estaba tomando grandes dimensiones.

La dura realidad es que la pobreza los ha condenado a pasar trabajo. Como es el caso de la señora Anadilia Crespo, quien a sus 62 años no posee una vivienda digna.

"Hace nueve años me hicieron demoler mi casa porque me iban a construir una nueva, pero eso nunca se concretó porque quedan nueve casas pendientes", dice.

La construcción que sólo contó con losa y paredes ha comenzado a venirse abajo. Con mucho trabajo logró comprar tapas de zinc usadas para construir un techo que no logra protegerla.

"Cuando llueve se moja hasta la cama, en esos casos debo dormir en el mueble y es muy incómodo".

La juventud no escapa de todos los problemas, la falta de centros educativos es uno de ellos. "Acá los niños están huérfanos de estudio. Les toca ir a las instituciones de los sectores adyacentes para poder aprender", cuenta la señora Ana Piñango, quien es maestra y se ha encargado de reforzar desde su casa el aprendizaje de los chamos desde hace 15 años.

Su motivación para seguir recibiendo alumnos es evitar la concentración de "vagos" en las esquinas. "Es dura la realidad de ellos. Tú le preguntas a cualquier adolescente qué sueña con ser al llegar a adulto y no sabe".

El servicio de Cantv tampoco se conoce en el sector. Para cumplir con sus asignaciones los estudiantes deben acudir a datos móviles o introducirse en una máquina del tiempo para volver al uso de libros, tal y como se hacía en el pasado. La fibra óptica es la salvación de muchos, pero no todos tienen la posibilidad de costearla.

Asimismo, hay al menos 10 niños que presentan cuadro de malnutrición, por tal motivo los líderes vecinales con apoyo del Gobierno han hecho las gestiones correspondientes para atenderlos y elevar su calidad de vida.

"Acá les ofrecemos vitaminas, desparasitantes y alimentos. Si bien no es mucho, ayuda a mantenerlos en buen estado de salud", asevera Juan Brito.

Seguridad

La seguridad es buena. Las personas comentan que desde hace algunas semanas se han comenzado a desplegar los cuadrantes de paz por la zona para garantizar el bienestar de todos.

Hace poco, el Estado les ofreció 10 lámparas para acabar con la penumbra. Pero resulta que para que la claridad pueda llegar a cada rincón hace falta que les ofrezcan 61 lámparas más.

Están urgidos de un docente

La comunidad cuenta con un espacio que anteriormente fungía como Simoncito para los niños más pequeños. Sin embargo, desde hace tres años el espacio fue cerrado por no contar con un docente que se encargue de atender a los diferentes alumnos que acudían a aprender.

La señora Ana Piñango comenta que antes de que llegara la pandemia de coronavirus al país, el centro inicial que recibe el mismo nombre de la comunidad, fue clausurado bajo el argumento de que no contaba con suficiente matrícula.

"Ellos lo cerraron y se llevaron a la maestra a "Negra Matea II", por los lados de Patarata", recuerda Piñango, quien bajo el rol de maestra mantiene que hace falta reforzar el aprendizaje de los niños cuando inician su proceso de desarrollo.

Descarga nuestra app aquí o escanea el código QR

Ver más:
Otras Noticias