417 familias del sector Valle Hondo viven en precariedad 

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Los productores también hemos sufrido a causa de la falta de agua que afecta a la comunidad.

María E. Montero

Vecina

Todos vamos a decir que el peor problema es el agua porque esa es la verdad, necesitamos ayuda.

Karla Campos

Vecina

Queremos que Hidrolara nos ayude a traer agua de un pozo que está en Rastrojitos para acabar con tanto trabajo.

Jesús Arrieche

Vecino

Aquí abundan los problemas, pero el más grave de todos es la escasez de agua. Nos ha tocado duro.

Pedro Quiñones

Vecino

A nosotros muy pocas veces nos toman en cuenta. Imagino que es por estar casi en la frontera.

Avianny Suárez

Vecina

Antes teníamos un Yutong, pero ahora nos toca caminar 2 kilómetros para tomar un bus.

Sonia Cortez

Vecina

Luis F. Colmenárez | LA PRENSA DE LARA.- "Estar tan lejos nos ha condenado a vivir en la desidia", es la frase de desesperación que sueltan los habitantes de una de las comunidades más antiguas del estado Lara. Se trata de Valle Hondo, ubicada al norte de Barquisimeto, casi en la frontera que conecta a los municipios Crespo e Iribarren. A pesar de tener más de medio siglo de fundada, quienes viven en el sector deben sortear el día a día rindiendo cada gotica de agua que logran recolectar, pues el servicio por tubería es inexistente.

Pero este, aunque es el problema más grave no es el único. La gente de la zona, que se caracteriza por su gran sonrisa y corazones soñadores, también les toca encarar cómo pueden los constantes apagones, la falta del servicio de aseo y una vialidad donde se levanta la polvareda con cada paso que dan.

Avianny Suárez, líder comunitaria, cuenta que las 417 familias que hacen vida en el sector les toca hacer "de tripas corazón" para tratar de llevar una vida digna, sin carencias ni privación de oportunidades.

Para poder suplir la falta de agua no tienen más opción que comprar camiones cisternas que ofertan la pipa hasta en cinco dólares, que al cambio son 22 bolívares. Cifra con la que no todas las familias cuentan.

Esto ha llevado a los que viven en mayor grado de vulnerabilidad a buscar otras alternativas, una de ellas es recurrir a la solidaridad de los vecinos que sí tienen la posibilidad de acceder a un camión cisterna. Un ejemplo de ellos es la señora Mariela Ortiz, a sus 52 años ya sufre de intensos dolores en los huesos ocasionados por tener que cargar a diario tobos con agua desde casas vecinas.

Con una maleta con ropa para lavar y poco menos de medio tobo, camina alrededor de 150 metros rumbo a la casa de un conocido que le permite utilizar su batea a cambio de que le mantenga cuidado su jardín.

"Muchos no tenemos cómo pagarle a un cisterna. Puede que en algunas oportunidades sí, pero es un gasto que no podemos cubrir siempre", comenta.

Wiliana Medina, otra de las habitantes de la comunidad, destaca que en Valle Hondo sólo hay un camión cisterna que se encarga de vender agua. "Hay varios cisterneros que viven aquí, pero trabajan para otras zonas", dice con lamento.

Si bien reconocen que la Alcaldía de Iribarren ha enviado el "Plan Cayapa", cuestionan el hecho de que esto sólo los visita cada tres meses y solamente les ofrezcan dos pipas por familia, las cuales afirman son sumamente necesarias, pero no cubren la demanda.

Hace alrededor de 25 años recibieron el recurso natural por las tuberías. Sólo que la alegría les duró poco y a los tres años comenzaron a recibir solamente aire por los grifos.

Cuentan que en los alrededores de la zona hay pozos privados, que por lo general son utilizados por agricultores que se niegan a colocarlos al servicio del resto de los vecinos.

En Rastrojitos hay un pozo que la comunidad espera poder utilizar para arrastrar el vital líquido hasta el sector; sin embargo, esperan por la respuesta de Hidrolara para que dicho proyecto pueda ser materializado de una vez por todas.

"Hay una mesa técnica de agua y las conversaciones ya van encaminadas, sólo hace falta que la hidrológica tome decisiones", comenta Avianny Suárez.

Pero lo oculto que se encuentra el sector no sólo les pasa factura en materia de agua, hay otros problemas que se han derivado, tal es el caso de la extinción del transporte público.

Para poder salir a hacer alguna diligencia o simplemente asistir a sus sitios de trabajo, la gente debe caminar 2 largos kilómetros para poder tomar un bus.

"Acá se camina demasiado, hace un tiempo nos enviaron un Yutong que se metía hasta acá, pero con la llegada de la pandemia y la escasez de combustible no se volvió a ver por estos lados", dice la señora Sonia Cortez.

Una de las alternativas que tienen es el uso de mototaxis que ofrecen sus servicios por 1 dólar; sin embargo, es un monto que no puede ser pagado a diario, además lamenta que las calles del sector sigan sin asfaltado que pueda dar luces de un posible proyecto, para que el servicio de transporte urbano retorne a la comunidad.

Aseo intermitente

El servicio de aseo es otro que se ve limitado en la zona. Aunque regularmente pasa cada tres semanas, han habido ocasiones en las que dejan algunas bolsas en medio de la calle, pues terminan llenos en cuestión de minutos, obligando a las personas a quemar la basura en el patio de sus casas, situación que pone en alerta a los vecinos pues corren el riesgo de que comiencen a generarse enfermedades respiratorias.

Unidos en una misma voz reclaman al Gobierno los ayude a mejorar su calidad de vida e incluirlos en planes de servicios públicos.

Actividad agrícola en picada

Durante muchos años, Valle Hondo se caracterizó por ser una zona agropecuaria. Dada la extensión de sus terrenos, las familias utilizaban sus tierras para criar ganado y sembrar lechuga, caraotas, ajíes, frijoles, maíz y parchita. No obstante, la falta de agua y maquinaria ha hecho que la actividad cayera en un 85%.

Y es que sólo quienes cuentan con pozos privados tienen la posibilidad de cumplir con el riego de sus cosechas. Además, el alquiler de una máquina se ubica en $40 por hora, gasto que no todos pueden costear.

Hoy día sólo se mantienen activos los productores que siembran semillas que puedan sobrevivir solamente con agua de lluvia. Tal es el caso de la piña. María Eugenia Montero es una de esas productoras, desde los seis años se ha dedicado al trabajo de campo y la cría de ganado.

"Antes sembrábamos hasta 30 hectáreas, hoy día sólo podemos sembrar dos o tres, dependiendo de cómo se encuentre la situación", dice.

Afirma que anteriormente contaban con el acompañamiento de entes gubernamentales; sin embargo, es algo que se ha perdido con el tiempo.

Asimismo, muchos han optado por comprar algunas reses con la intención de tenerlas como una "carta bajo la manga", en caso de presentarse una emergencia financiera.

Estadio se cae a pedazos

El estadio del sector Valle Hondo está completamente abandonado. Al entrar, lo primero que se ve es la grama totalmente seca, pues un grupo de vándalos, sin pensar en el daño que hacían a la comunidad, le prendieron candela. No conformes también destruyeron las gradas, se robaron parte del techo y del cableado de los postes de electricidad.

"Gente sin oficio comenzaron a tomar el estadio para ingerir bebidas alcohólicas. Acabaron con todo", denunció Wiliana Medina, habitante del sector.

Su reclamo va más allá, pues para el campo deportivo no llega ni una "gotica" de inversión desde el año 2013. Apenas han logrado recuperar parte de la iluminación, gracias a que algunos de los jóvenes que aún hacen uso de las instalaciones colocaron una lámpara que les permite seguir jugando cuando cae la noche.

Medina cuenta que están urgidos de recuperar el área, pues esta ha servido desde hace 70 años para que la comunidad ejecute torneos de fútbol, béisbol, softbol y basquetbol, dando paso a actividades para el disfrute familiar y que además se logre alejar a los más jóvenes que pudiesen verse atraídos por el mal camino.

Habitantes del sector Valle Hondo, en el norte de la ciudad, piden al gobierno regional y municipal tomar en cuenta a la comunidad que tiene muchos años en el olvido.

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