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Ana Emilia Maurielo: 101 años de experiencia y enseñanzas

María B. Jordán | LA PRENSA DE LARA.- Ana Emilia Maurielo "Milla", como cariñosamente le dicen en su hogar, es una profesora de Castellano y Literatura que dedicó su vida a la educación; cumplió 101 años el pasado 5 de enero y con mucha alegría y orgullo contó que su vida consta de dos campos, la principal su familia y la segunda su profesión. Su primera clase fue en el año 1939 y aún conserva esa ética y esmero, al punto que ahora enseña a sus sobrinos.

Desde pequeña siempre soñó con ser maestra, sueño que se fue materializando con el pasar del tiempo. Primero cursó sus estudios en la escuela y bachillerato, y se fue a Caracas porque en Barquisimeto no había dónde estudiar la profesión de docente. "Vinieron unos familiares y me fui con ellos", dijo con una sonrisa y un tono de voz fuerte, pero a la vez dulce y gentil.

"Milla" detalló que pasó su juventud estudiando en el Instituto Pedagógico de Caracas y logró graduarse. "Nos entregaron un certificado y a los días llegaría nuestro título", aseguró que mientras esperaba esos trámites fue hasta el Ministerio de Educación a solicitar un empleo junto a una compañera, ella para San Juan de los Morros y Milla para Barquisimeto.

Ana Emilia, conocida cariñosamente como "Milla", dijo que le dieron el cargo de preceptora en la Escuela Unitaria Federal, número 387, en un barrio humilde de Barquisimeto, sin saber de qué se trataba buscó el lugar y tras buscar y buscar era en una casa humilde. "Al ingresar sólo había un pizarrón, un cuadro con la imagen del Libertador Simón Bolívar y una tabla rústica con el nombre de la escuela", salió de ahí y junto a su padre empezó a buscar un lugar y alquiló una casa, sólo instaló esas tres cosas y pidió a su madre una mesa y una silla prestada para ella.

Su primera clase la dio el 16 de septiembre de 1939, fecha que mantiene intacta en su memoria, a pesar de tener 101 años de vida, pues todavía lo recuerda como si fuese ayer. Aseguró que se encargó de buscar a los niños, pero sólo duró seis años porque luego la remitieron a una escuela que ella denomina "normal" para dar sus clases por 16 años.

Así pasaron los años y cuando ya tenía 25 años de carrera formaron el Instituto Pedagógico de Barquisimeto y no dudó en inscribirse para seguir formándose, esta vez con la especialidad de Castellano y Literatura, y luego de graduarse trabajó por 12 años en la cátedra de Gramática y posterior a eso fue jefe del Departamento de Castellano y Literatura, y luego subdirectora Académica del Pedagógico de Barquisimeto.

A los 55 años de edad y con al menos 37 años de servicio como profesora en todos los niveles, fue jubilada, pero nunca abandona el amor por la educación. 

"Todavía a mis sobrinos les sigo enseñando cosas", dijo entre risas, calificándolos como "las víctimas de la eterna maestra".

En su campo familiar decidió no casarse ni tener hijos, es la mayor de cinco hermanos, dos de ellos hombres, quienes ya fallecieron y dos mujeres; una de ellas con 99 años de edad, próxima a cumplir los 100 este año.

"Milla" agrega que ella es tan sólo una historia de miles de educadores anónimos que se encargan de realizar la misma labor con amor y empeño. 

Entre sus anécdotas familiares, recuerda cómo la palabra "lechosa" fue una de sus más grandes tareas. "Iba a la frutería y la tenían escrita con Z y no con S", y les decía a las personas cómo era lo correcto. Agregó que cuando salía a restaurantes con su familia les decía a sus sobrinos que leyeran la carta y vieran si había algún error, en especial que la palabra "lechosa" estuviese bien escrita.

Dentro de su vida profesional también ha recibido varios reconocimientos, entre esos cuando cumplió 25 años de trabajo el Ministerio de Educación le dio una condecoración en el Teatro Municipal de Caracas, también recibió reconocimientos por parte de la Gobernación de Lara y ya cuando estaba jubilada recibió la orden "Andrés Bello".

"Milla" recuerda con emoción que la Asociación de Jubilados del Pedagógico, también le dio una condecoración de oro y detalló con orgullo que en Caricuao, en Caracas, hay un preescolar que lleva su nombre. "Fue una de mis alumnas que trabajó en el Ministerio de Educación y era la supervisora nacional y me recordó colocándole mi nombre, yo no lo podía creer". También recibió el doctorado Honoris Causa de la UPEL.

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