La familia habitó en la presencia de José Gregorio Hernández

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López/Villanueva.- Venezuela se llenó de júbilo. En cada rincón del país, fueron colocados altares y flores para honrar al Beato José Gregorio Hernández.

Barquisimetanos y sancristobalenses, fueron fiel ejemplo de la devoción del pueblo cristiano hacia el "Médico de los Pobres", desde bien temprano sacaron sus televisores y radios para no perderse ninguno de los pormerores de esta homi- lía tan esperada donde José Gregorio Hernández iba a ser beatificado. 

Este escenario se pudo ver en los sectores Santa Eduvigis, Pedro León Torres, calle 27 con carrera 30, centro de Barquisimeto, la avenida Andrés Bello, Pueblo Nuevo, Barrio Nuevo, entre otras zonas populares de Barquisimeto, como en los diversos sectores del municipio San Cristóbal, como Puente Real, Las Flores, Unidad Vecinal, La Ermita, La Romera, entre otros. En las residentes izaron la bandera nacional y pusieron altares a las afueras de sus viviendas para rendir tributo al siervo de Dios.

Hilda María Moreno, una de las devotas de José Gregorio Hernández comentó que en su último embarazo fue de alto riesgo, por lo cual le pidió al galeno que si llegaba a feliz término, le entregaba su anillo de matrimonio y así fue. Finalmente tuvo a su bebé, quien nació sano y sin complicaciones.

"Desde allí me volví devota, además, mi esposo y yo nos casamos por la Iglesia y renovamos nuestra fe a Dios y al doctor José Gregorio Hernández, a quien le pedimos hoy día, que aleje la pandemia, para que no hayan más contagios por el virus" expresó.

Con devoción, Luis Enrique Morales dijo que el anuncio del Vaticano lo llevaban esperando muchos años, y ahora saluda que haya sido beatificado. Explicó que producto de una enfermedad se encuentra en silla de ruedas, por lo que a diario, le pide que le conceda el milagro de volver a caminar.

"Toda la vida hemos tenido su estatua en un altar en la sala de la casa, la cual está acompañado de la Virgen María, y otros santos a quienes le tenemos mucha fe" dijo.

Otros devotos, acudieron a las inmediaciones de la avenida España, donde pusieron flores a la valla en honor al médico, la cual fue instalada mediante el apoyo de la empresa privada.

El gozo se mezcló con lágrimas de agradecimiento, pero fue con tanto arraigo que el 30 de abril se acogió como una fecha patria. Los hogares mostraban el júbilo con la bandera izada, como un sentimiento nacional que celebró la beatificación del Dr. José Gregorio Hernández. Súplicas y algarabía, cubrieron cada oración con esperanzas por la sanación ante la pandemia del Covid 19 y la necesidad de la paz.

Las palmas se entrelazaban en rejas y al fondo se apreciaba la sagrada imagen del Doctor de los pobres, en compañía de vírgenes como Nuestra Señora de Coromoto y muchos coincidieron con la imagen de Jesús, el guiador. Allí con su mirada fija, que termina de orientar a la feligresía en un mundo que vaya más hacia la misericordia, caridad y la santidad desde la vocación de servir. 

Fe se desborda

Fue un momento dedicado especialmente a este científico que consagró su vida a la ayuda desde la atención médica, tan desprendida de cualquier provecho económico. La ceremonia oficial estaba a todo volumen en las casas y el equipo de La Prensa, apenas podía escuchar el testimonio de Nelly Rached. "¡No puedo salir, estoy ocupada!", gritó desde la ventana y al ser consultada sobre la beatificación, corrió a buscar una par de campanitas, para repicarlas por tanta emoción.

Fue muy breve para no interrumpir por tanto tiempo la transmisión oficial. "Me le encomiendo, porque él me salvó la vida", exclama con voz entrecortada de ese momento a sus 17 años, cuando estuvo a punto de ahogarse con su amiga en el río Caroní. Ella sintió que fue suspendida por unas manos, tan suaves que parecían de algodón. Así lograron salvarse. "Hasta me provoca retumbar las cacerolas", resaltó de un llamado al despertar de los venezolanos.

En la urbanización La Caldera, María de Timaure también conservó el modesto altar que empleó para la novena. Sobre blanco, estaba escoltado con Jesús, el guiador y la excelsa patrona Nuestra Señora de Coromoto. La iluminación era combinada entre luces mínimas, luces fijas y aquella estela natural de una vela. "Es tanta alegría y así la compartimos con vecinos", confiesa agradecida por su intercesión cuando era insoportable su sufrimiento por afección en el coxis, al extremo de la columna. "Él me operó. Pidieron por mí y llegó preparado con alcohol, algodón y guantes blancos. Desde allí, todo cambió a bien", dice entre suspiros acompañada de sus hijos y su vecina Coromoto Cuicas.

Acogida bienvenida

La ventana del hogar de la familia Torrealba Martínez en la calle 37, mostraba dos pequeñas imágenes del beato. Ambas compradas en su terruño natal de Isnotú, porque Carmen Torrealba acostumbra visitarlo dos veces al año. El de traje negro, un poco más grande que el de blanco, pero ambos iluminados por una vela. "Mi hija sufría una enfermedad muy dolorosa en los huesos y me la curó", dice esta señora con sus ojos aguarapados, con ganas de llorar.

Los comerciantes también ofrecieron sus ofrendas.

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