Cuatro beatos unen a Venezuela

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Fabiola Barreras | LA PRENSA DE LARA.- Tres mujeres beatas tenía Venezuela hasta hoy. Todas religiosas esperaron por años la beatificación. José Gregorio Hernández, quien además de ser el primer laico en el país que sube a los altares, es el único hombre en la lista de beatos de Venezuela. 

El 7 de mayo de 1995, es decir, hace 25 años, Venezuela tuvo la primera beata, de manos del Papa Juan Pablo II. Se trata de Laura Evangelista Alvarado Cardozo, conocida como la Madre María de San José. 

Tras pasar varios años al servicio de enfermos en el hospital San José en Maracay, fue declarada hermana hospitalaria agustina, por lo que tomó el nombre de Sor María de San José. Diversos fueron los centros asistenciales, escuelas, orfelinatos y ancianatos donde Sor María ayudaba a quien lo necesitara, y no solo en el estado Aragua, sino en ciudades como Los Teques, Tinaquillo, Coro, Maracaibo, Valencia, Nirgua y Puerto Cabe-llo. 

Además de atender a quien lo necesitara, la religiosa fue quien redactó las constituciones de la congregación que ella fundó. Una neumonía le arrebató la vida el 2 de abril de 1967, en la ciudad de Maracay.

Su devoción y vocación de servicio al más necesitado le otorgaron el título de Venerable en 1992, pero tras comprobarse el milagro de sanación de la madre Teresa Silva, de una osteoporosis (quien fuera sanada por la madre María al cumplir los 50 años), en la Plaza San Pedro de Roma, el 7 de mayo de 1995, convirtiéndose en la primera beata de Venezuela. 

Un dato interesante de la monja, es que al exhumar sus restos, estaban totalmente intactos, incluyendo una azucena con la que había sido enterrada, más de dos décadas atrás. Ahora reposa dentro de un sarcófago en un Santuario creado para que fieles le visiten. 

Madre Candelaria

Nacida en Altagracia de Orituco, en el estado Guárico, el 11 de agosto de 1863, Susana Paz Castillo Ramírez, conocida como la Madre Candelaria de San José, o simplemente madre Candelaria, fue la segunda monja venezolana en elevarse como Beata. 

Tras la muerte de su madre, debió asumir res- ponsabilidades en el ho-gar. De forma simultánea, comenzó a hacer obras de caridad y usaba una casa que estaba abandonada para ayudar a enfermos y heridos. 

Tras la fundación de un hospital en la zona, ella se interna en él, a fin de ayudar y atender a los enfermos que llegaban a ese lugar. Ella, junto a otras jóvenes ya habían manifestado sus deseos de convertirse en religiosas. En 1906 se viste bajo el hábito de las Hermanitas de los Pobres y cambia su nombre por Candela- ria de San José. 

Al servicio de Dios

Hace poco más de dos años se registró la penúltima beatificación en Venezuela. Carmen Rendiles Martínez, quien nació en la ciudad de Caracas el 11 de agosto de 1903 llegó al mundo sin uno de sus brazos. 

Esto no fue impedimento para que ella fundara la congregación de Siervas de Jesús de Venezuela. 

Bajo un hogar de profundas creencias cristianas, Rendiles se formó con muy arraigados principios religiosos. Su devoción era incuestionable. 

Pese a gustarle el arte y el dibujo, Carmen abandonó los estudios para dedicarse a la vida religiosa. Pese a ser recha- zada en diversas congregaciones por su discapacidad, la congregación siervas de Jesús del Santísimo Sacramento la acogió. 

Tras pasar un tiempo en Francia, regresa a Caracas, donde se encargó de la formación de aspirantes y novicias. Tras ser nombrada, funda una casa en San Cristóbal que funcionaría como colegio y en Caracas donó un colegio paraniñas de escasos recursos. 

Una extraña gripe la golpea en 1977 y es el 9 de mayo, que la madre Carmen fallece en la ciudad de Caracas. 

Sus virtudes eclesiásticas le otorgan el título de Venerable, la cual fue otorgada por el Papa Francisco en el 2013. El milagro concedido a Trinette Durán de Branger, médico quien recibió una descarga eléctrica que afectó uno de sus brazos y que por gracia de la madre Carmen fue sanado, la ascendió a los altares como beata. 

7 décadas de espera

El más reciente beato es el del doctor José Gregorio Hernández. Único hombre y laico de los elevados a los altares de Venezuela. Nacido en Isnotú el 26 de octubre de 1864 es considerado el más venerado por hispanohablantes de todo el mundo, pues su vocación de servicio, religiosidad y filantropía fueron conocidas más allá de nuestras fronteras. 

"Evitar el mal, practicar era un políglota, pues dominaba a la perfección el inglés, francés, portugués, alemán e italiano y dominaba el latín y hebreo. 

José Gregorio se dejó guiar por el Espíritu Santo, atento siempre a lo que Dios le pedía. Fue un cristiano consciente de su proceder tanto en la Iglesia como fuera de ella. Todos los que lo conocieron dan testimonio de ello.

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