Venezolano sobrevive al desempleo ofreciendo delivery en Colombia

Eduardo Soteldo | LA PRENSA de Lara - En medio de su jornada laboral en una pizzería de Bogotá, Ernesto Alí Soteldo Herrera, un yaracuyano de 29 años, quien actualmente reside en Colombia, recibió la noticia que le sacudió su vida de recién inmigrante: confirman primer caso de coronavirus en Colombia. Fue en ese momento, cuando su vida dio un giro y el desempleo lo llevó a reinventarse: ofrecer delivery en bicicleta para facilitar el confinamiento a familias colombianas. 

Ese primer caso de Colombia, fue detectado precisamente en Bogotá (donde él reside), a una joven que viajó a Italia y regresó contaminada con la nueva enfermedad del coronavirus, la COVID-19. Fue un impacto, que para Ernesto abrió las puertas a vivir, quizás, uno de los momentos más duros de su vida, al tener que ingeniárselas para sostener económicamente a su familia: dos niños pequeños (una hembra de 6 y un varón de año y medio) y su esposa Jennifer de 25 años, quien se dedica a cuidar a los niños.   

 "Nunca pensé que fuese a complicarse todo", relató el venezolano que hoy trabaja haciendo delivery con una bicicleta prestada, tras el cierre de comercios y empresas en Colombia. Hasta la pizzería donde Ernesto trabajaba tres veces a la semana cerró y hasta la fecha, no ha podido abrir. Él ayudaba en la atención de las mesas y elaboración de las pizzas.

El yaracuyano de apellido Soteldo, cuenta a La Prensa de Lara, a través de notas de voz vía mensajería instantánea, que el delivery comenzó a ser una opción más que viable en vista del contexto. A ese trabajo se aferró, y apenas pasados quince días del confinamiento, comenzó a hacer envíos que hasta el sol de hoy, han significado la única fuente de ingreso en medio del caos económico, social y de salud que ha generado la propagación del coronavirus en el mundo.

 "Duré dos semanas sin trabajo, súper difícil, pero a los quince días comencé a trabajar en delivery y ya podía salir (?) para mí no fue tan difícil, porque siempre podía estar en la calle, seguir con la rutina pero con los cuidados que debía tener". Para su familia ha sido "estresante" mantenerse aislado; para ellos la incertidumbre de "qué va a pasar" ha sido un dolor de cabeza que los martiriza.

Con una bicicleta prestada, bolsos, guantes, tapabocas, jabón, y antibacterial para seguir las medidas de seguridad, sale desde las 8:00 de la mañana, sin saber a qué hora regresa, en busca del "pan de cada día" de su familia. Pese a todas las muertes y casos confirmados, el joven que trabajó por años en el área administrativa y de oficina en empresas venezolanas, contó no sentir miedo al salir a la calle. Anda confiado en que cumpliendo con todas las medidas de seguridad, se mantendrá libre del virus y produciendo dinero para sostener a su familia.

"Cada vez que se tiene contacto con algún cliente, lo que hago es lavarme las manos, lavar los guantes, desinfectar el bolso, la bicicleta. Cuando llego a la casa, la ropa con la que trabajé en el día me la quito, la colocamos en cloro, la desinfectamos, y todos los zapatos se quedan afuera en la entrada de la casa", reveló.

Con dos niños pequeños, la tarea ha sido ardua y de máximos cuidados. Para mantenerlos encerrados todos los días, por más de dos meses, sin ningún tipo de recreación en una residencia que comparte con un amigo también venezolano, del estado Yaracuy, se han ingeniado muchas actividades. "Nos ha tocado hacer tareas en casa, buscar colores y cuadernos, tratar de jugar con ellos para no pensar tanto en eso", confiesa en medio de los audios y la entrevista concedida a este medio de comunicación.

 "Volver a Venezuela no ha sido una opción"

La pandemia obligó a muchos migrantes venezolanos a emprender un viaje de vuelta a casa. El comportamiento se ha evidenciado desde los países de América, por el efecto que ha causado el confinamiento, el cierre preventivo de centros de trabajos y las escasas política de atención social de los Gobiernos latinoamericanos.

Sin embargo, esa no ha sido una opción para Ernesto, quien sabe que, nada más realizar un viaje de vuelta pudiera significar el posible riesgo de contagiarse con COVID-19, por la aglomeración de venezolanos en la frontera, además piensa que la situación en Venezuela está muy compleja, como para volver, después de haber salido por "obvias razones", como describe la crisis económica, social y política que se impone en la nación venezolana.

"Pienso que aquí todavía puedo conseguir la oportunidad de un trabajo estable, seguro, y poder salir adelante con mi familia", culmina, esperando que pronto vuelva la normalidad, y salir al ruedo en busca de mejores condiciones de vida en la nación neogranadina que registra 128 mil 638 contagios y 4 mil 527 muertes por COVID-19. 

La historia de Ernesto Alí, es solo una de tantas de venezolanos en el exterior en medio de la pandemia. Él seguirá luchando y haciendo valer el esfuerzo de emigrar luego de un año y 6 meses, de llegar a la nación hermana (Colombia), donde pudo reunir a sus niños y esposa en un hogar, que se había separado a causa de la crisis humanitaria que atraviesa su país natal. No quiere más distanciamiento que no sea el causado por la pandemia, ya Jennifer había estado en Perú con su pequeño, mientras él cuidaba de la niña... ahora dice que les toca seguir adelante con la fe de que todo pasará.

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