Niños y abuelos en un calvario por cortes eléctricos

Osman Rojas D. | LA PRENSA de Lara - Jhon Rodríguez tiene 11 años y vive en Ruiz Pineda, comunidad ubicada al oeste de Barquisimeto. Al igual que a todos los niños de su edad al pequeño le gusta jugar al fútbol, correr en las calles y visitar a los amigos de la cuadra. "Para mí es la felicidad", dice con un desparpajo impropio para un niño de su edad. Jhon es un joven muy activo y bastante conversador; sin embargo, en los últimos 12 meses ha tenido que modificar su vida entera pues, producto de los cortes eléctricos, ya no puede salir o estudiar por las noches.

"La luz se va todos los días a las 6:30 de la tarde y llega a eso de las 11:00 de la noche", explica el joven que reconoce que los cortes eléctricos no le gustan, aunque asegura haberse acostumbrado. "Ya es algo habitual. Uno sabe que a esa hora se va la luz y mamá no me deja salir. No puedo jugar y tampoco estudiar porque no veo. No me gusta estar así y a veces me amargo".

Rodríguez es muy joven, pero a pesar de ello recuerda que su vida era distinta antes del 07 de marzo del 2019, fecha marcada en el calendario de todas las personas en Venezuela por ser el día en el que el sistema eléctrico colapsó generando apagones en todo el país. "Antes uno salía a la calle y jugaba con los amigos. Se podía ver televisión o hacer cualquier cosa".

El pequeño recuerda como experiencias traumáticas su cumpleaños y la llegada del niño Jesús, pues fueron dos jornadas que se pasaron totalmente a oscuras. "En diciembre pensamos que la luz no se iba a ir, pero la cortaron igual. Llegó tarde y todo el mundo estaba sentado en sus casas sin hacer nada. En mi cumpleaños fue igual. La torta se partió temprano porque no había luz", dice.

Escuchar el relato de la crisis eléctrica en voz de un niño es conmovedor así como es conmovedor ver a las personas de tercera edad sufriendo producto de los apagones. Estos quizás son los polos de la sociedad más golpeados por los racionamientos eléctricos. Dos etapas en las que se es tan vulnerable como indefensos.

María Castillo, abuela residenciada al oeste de Barquisimeto, es una representación clara de la vulnerabilidad a la que están expuestas las personas de tercera edad. Ella tiene 71 años y fue operada recientemente de la vista. A pesar de su reciente intervención su visión no es perfecta y empeora cada vez que la luz se va en horas de la noche. "Me he caído tres veces tratando de llegar a algún lugar de la casa", recuerda.

Castillo ha visto pasar muchas lunas y también ha conocido de primera mano cientos de crisis; sin embargo, la abuela asegura que ninguna se acerca a la que se vive actualmente con la luz. "Esto es por falta de gobernantes. Hubo una etapa en los años 90 en los que la luz se iba, pero nunca como ahora", recuerda.

Tan afectados son los niños y abuelos por los apagones eléctricos que los expertos consideran que las nuevas generaciones se están formando con una cultura distinta; pues ver comiquitas en televisión es algo que no hacen los pequeños.

Para los abuelos el tema también es preocupante. La mayoría de estas personas no saben usar aparatos tecnológicos como teléfonos inteligentes o tablets lo que hace que vivan los apagones con un grado de desesperación mucho más alto que el de cualquier persona generando crisis de ansiedad.

"Para los niños y los abuelos la crisis eléctrica puede ser tan igual como distinta. Ambos están expuestos a depresión porque son personas dependientes de otras y eso hace que se sientan mucho más frustrados", explica Daniela Sequera, psicóloga consultada por el equipo periodístico de LA PRENSA.

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