Llegamos a las 10:00 de la mañana y son las 12:00 del mediodía y no han atendido a mi familiar. Nos molesta mucho esta situación porque queremos una respuesta.

Elizabeth Romero

Ama de casa

Es importante que las cosas mejoren porque los enfermos lo que piden es atención médica. Uno viene a un hospital para curarse y ser atendido no para estar pasando rabias y esperar.

Yelitza Martínez

Ama de casa

En pupitres atienden a pacientes en la emergencia del HCAMP

Osman Rojas | LA PRENSA de Lara.- Un viejo pupitre de madera colocado en uno de los rincones de la emergencia del Antonio María Pineda funciona como camilla. Las personas no tienen espacio para estirarse, quejarse o acomodarse pero todo el mundo sabe que ese es un lugar preciado pues representa el umbral entre la atención médica y la sala de espera.

Justo al lado del pupitre existe un paral de equipos médicos (aparato de metal en donde colocan la solución fisiológica). Es el reconocimiento que hacen los médicos a un espacio en donde antes se sentaban los estudiantes de medicina y ahora se sientan pacientes las 24 horas del día. "Perdone pero no hay espacios. Siéntese allí", dicen los especialistas a los pacientes que ingresan a la emergencia y que no encuentran donde acostarse.

Ana (nombre que utilizaremos para proteger la verdadera identidad de la paciente) fue una de las tantas personas atendidas en un espacio que cuenta con 58 centímetros de ancho y 45 centímetros de largo. La mujer llegó a la emergencia con un fuerte dolor de pecho y, luego de esperar durante casi una hora en el pasillo que antecede a la emergencia del Hospital Central, fue ingresada.

Como si se tratase de una estudiante que se portó mal, Ana fue aislada del resto de pacientes. Sola y en un rincón se quejaba de un fuerte dolor. No pronunciaba palabra pero sus gestos y sus lamentos dejaban claro que algo malo le pasaba. "Cariño te voy a atender aquí. No puedo hacer más", decía un médico que, más que explicar el por qué atendería a la señora allí, parecía disculparse por el hacinamiento que hay dentro de la emergencia.

"Te pondrás bien, tranquila", continuaba el doctor mientras chequeaba las pulsaciones de la mujer y media su presión arterial. Diez minutos después de entrar a la emergencia una enfermera notifica que una de las 30 camas que hay en el lugar ha sido desocupada por un pacientes que saldría de la institución para hacerse un examen.

La noticia fue todo un bálsamo para Ana que fue acostada y conectada a un electrocardiógrafo (aparato que sirve para hacer electrocardiogramas) donde fue atendida un poco más cómoda.

La felicidad de la mujer duró unos 15 minutos pues luego de terminado el examen la camilla fue regresada a su lugar de origen y la mujer fue sentada una vez más allí por varias horas. "Lo que pasa es que ya no hay donde acostarla", decían médicos y enfermeras cuando se les reclamaba un trato digno para una mujer que no paraba de quejarse por su dolor en el pecho.

La escena anteriormente descrita bien podría haber sido sacada de un libro de comedia pero es el lamentable día a día que deben atravesar los pacientes que son atendidos en la emergencia del Antonio María Pineda cuya condiciones deplorables, escasez de equipos e insumos y falta de personal no logra cubrir la demanda de enfermos.

El problema, de acuerdo a los expertos, se presenta desde hace un par de años cuando a la directiva del Hospital Central decidió eliminar unas 40 camas del servicio. El argumento, dado en ese momento, era el de dar un trato más humano a los pacientes pues se decía que el hacinamiento de enfermos violaba sus derechos humanos.