Carapachos, molleja, pata de pollo, pellejos, es lo que más se vende ahorita en la carnicería

Zuleima Giménez

Vendedora

Lentejas y arroz es lo que más se come, porque vienen en las cajas CLAP que dan mensual

Maribel Rendón

Comerciante

Sobrevivo comiendo arroz, harina artesanal, pasta a diario, aunque está caro es lo que llena

Mirían Castillo

Comerciante

Se compra carne, pero en muy poca cantidad, se rinde con verduras y con arroz en el hogar

Darly Carrero

Maestra

Venezolanos obligados a dieta de sobrevivencia

Ana Uzcátegui | LA PRENSA de Lara.- La dieta de los venezolanos ha cambiado drásticamente desde que se contabilizan 25 meses consecutivos de hiperinflación, por el aumento diario de los precios de los productos básicos, provocando que las personas que dependan de un sueldo mínimo o bajo, estén basando su alimentación en algunos carbohidratos y granos, sacando definitivamente del menú las carnes, lácteos, verduras, frutas o grasas. La nutricionista Raquel Mendoza, de la organización de Derechos Humanos Mapani, alertó que esta situación está causando estragos en la salud, al punto de poder acortar la vida de las personas, causando retardo de crecimiento y desarrollo intelectual en los niños menores de cinco años.

"En las comunidades más vulnerables de Barquisimeto, las madres cuentan que la leche de los teteros ha sido sustituidas por caldo de caraotas, agua de arroz, pasta o maíz, pensando que eso los alimenta, rara vez les dan a comer a sus hijos pollo o carne. Estos alimentos son imprescindibles para garantizar su salud y desarrollo", indicó la representante de Mapani, organización que registró al cierre de 2019, que en Lara el 6,9% de la población en edad escolar, sufre desnutrición aguda o severa.

Anemia o falta de hierro en la sangre, es una de las principales consecuencias de la mala alimentación. Digna Márquez tiene 75 años y asegura que su dieta consiste en ingerir los productos CLAP. "Arroz, lentejas pasta y algo de aceite es lo que me ayuda a paliar la crisis por unos 15 días. Cuando no me llega el beneficio paso hambre", relató la abuela.

María Escalona, ama de casa, contó que su desayuno es un cambur con café, y cuando no cuenta con granos le toca comer arroz sólo. Iraima Torrealba, confesó que la da a su niño de tres años sopa de auyama a diario, porque los recursos no le alcanzan para comprarles frutas o carne, que en el mercado ya supera los 220 mil bolívares el kilo.