Eduardo Alvarado, el hombre que arriesgó su vida para rescatar a militares en Pavia

Euseglimar González | LA PRENSA DE LARA.- "Si ellos van a morir, yo muero con ellos", fue lo primero que dijo Eduardo Alvarado, al momento que observó cómo el fuego comenzaba a consumir el helicóptero que pocos minutos antes se precipitó a tierra, cuyo hecho ocurrió hace tres días en Pavia.

Eduardo, ingeniero de 39 años, es el hombre de franela verde que aparece en las imágenes que captaron el momento del rescate de los dos funcionarios del Ejército Bolivariano. Su gallardía insistía en ganarle la batalla a la muerte que se vestía de llamas hasta que lo logró, salvó dos vidas.

"Dios me dio la fortaleza para desafiar el fuego y rescatar a los dos militares. En ellos (militares) veía a mi hermano, mi sangre y no me importó nada, debía sacarlos con vida", comienza el relato de Eduardo, mientras que sus lágrimas comienzan a recorrer sus mejillas.

Eduardo hace una pausa, pero su voz se entrecorta justo en el momento en el que explica qué lo impulsó a rescatar al mayor José Antonio Salinas Vásquez y al capitán Wilber Oswaldo Sumoza (piloto y copiloto). Suspira y hace un esfuerzo para hablar, pero entre sollozos dice "mi hermano".

"Mi hermano es piloto, él siempre nos envía imágenes y videos desde las nubes en la cabina volando con sus lentes y casco. Yo veía a mi hermano ahí, decía tengo que salvar a ese militar porque es sangre, no me importaba dar mi vida, si ellos van a morir yo voy a morir con ellos. Me llené de fuerza, valentía y me impulsó a salvarlos", comentó Eduardo.

El martes, minutos después de las 2:00 de la tarde, Eduardo regresaba a su trabajo junto con dos compañeros a bordo de un camión, pero cuando pasaban por el kilómetro 9 de Pavia, observaron cómo un helicóptero comenzaba a descender y con humo.

Al ver que la aeronave cayó en la comunidad Santa Eduviges, el grupo de hombres decidió trasladarse hasta los terrenos donde ocurrió el siniestro. Llegaron hasta donde el camino les permitió.

Se bajaron y corrieron, saltaron alambres de púa, hasta llegar al sitio en donde se estaba incendiando el helicóptero. Ya estaban tres personas que pedían agua para lograr apagar las llamas, pero en ese momento Eduardo tomó el liderazgo y les dijo: "No hay tiempo de buscar un tobo de agua porque no es suficiente para apagar el fuego".

Toda el área estaba con una cortina de humo negro, pero en segundos vio cómo en la parte del copiloto se veía una mano que se movía de un lado a otro y al mismo tiempo escucharon "¡auxilio, auxilio, no nos dejen morir!".

Con determinación

Esos gritos retumbaban en el oído de Eduardo y de inmediato dio unos pasos hacia el helicóptero, el vapor y el humo le impedían acercarse, agarró aire y llegó hasta la puerta del copiloto donde estaba el capitán Sumoza.

El humo no le permitía sacar al capitán, otra persona se quitó la franela y se la lanzó para que se tapara el rostro y lograra acercarse más.

Eduardo detalló que con su mano izquierda le dio un golpe en el pecho al copiloto (Sumoza), le gritaba que se saliera, pero no tenía fuerzas. En ese momento, el capitán le tomó las manos y se las llevó hasta la cintura, Eduardo cerró los ojos, con fuerza trataba de sacarlo, hasta que Sumoza tocó el piso del helicóptero y se impulsó, fue ahí cuando lo arrastró hasta la tierra, pero no aguantó y se retiró.

Eduardo no podía más, tenía poca fuerza, pues había inhalado mucho humo y decidió alejarse unos metros.

"Ya no podía por el humo, pero las demás personas gritaban el piloto, el piloto. Tomé aire y me voy de nuevo, pero esta vez hacia el lado donde estaba el piloto", relató Eduardo, quien explica que del otro lado estaban los demás arrastrando a Sumoza para auxiliarlo.

Explicó que la ventana del piloto sólo tenía aproximadamente 10 centímetros abierta, el piloto sacó la cabeza y gritaba ayuda. El calor era más fuerte, le gritaba a Salinas (piloto) que le indicara dónde podía abrir la puerta, pero esta estaba atascada.

De su mente aún no se borra la mirada intensa y lo gritos de Salinas: "¡Ayúdame, ayúdame no me dejes morir!". De inmediato, Eduardo con su puño comenzó a romper los cristales de la ventana del piloto, era insistente, por momento salía del área para agarrar aire y corría de nuevo, en medio de la desesperación pidió a Dios que le diera fuerza.

"Fue la voluntad de Dios y el Espíritu Santo que me dio una mano de acero para romper ese cristal y el humo que era asfixiante comenzó a salir, cerraba los ojos para poder sacar al piloto, quien ya tenía la mitad de su cuerpo afuera", dijo Eduardo.

Pocos segundos después, un grupo de personas comenzaron a ayudar a Eduardo para lograr rescatar a Salinas, pues las llamas estaban más cerca del piloto.

Eduardo sentía que el fuego estaba muy de cerca de él, lo desafió frente a frente y él decía "espera, espera sólo unos minutos para salvar a estas personas" y así fue, entre varios lograron sacar al piloto y a escasos metros el voraz incendio consumió todo el helicóptero, en medio de las llamas quedaron Dervis Sánchez (35) y Ángela García (26), quienes murieron carbonizados.

No lo abandonó

A los dos militares los trasladaron hasta el Seguro Pastor Oropeza, pero Eduardo se fue con Salinas en una camioneta, le tomaba la mano y él pudo decir unas palabras.

¿Dónde estoy?, le preguntó Salinas a Eduardo y él le contestó en Pavia, Barquisimeto, vamos a llevarte a un centro de salud para que recibas asistencia, quédate tranquilo, estarás bien.

Reciben ascenso post mortem 

A los dos militares fallecidos tras accidente aéreo en Barquisimeto, le rindieron honores como se lo merecían, en un acto donde el dolor y el silencio reinó. La ceremonia se llevó a cabo en la sede del Batallón de Helicópteros "G/B Florencio Jiménez" de Las Flores, en Yaracuy.

Las dos víctimas del siniestro fueron condecoradas y ascendidas post mortem a los grados de Sargento Mayor de Segunda y a Sargento I.

Dervis Sánchez, ascendió a Sargento Mayor de Segunda, mientras que su compañera de armas, Ángela García a Sargento I.

Las honras fúnebres comenzaron con oración, para luego dar paso a los respectivos ascensos y a la imposición post mortem de la condecoración "Estrella de Carabobo" en su única clase, honores que fueron recibidos por la esposa e hija de Sánchez y por los padres de García.

Las dos víctimas fatales eran del estado Yaracuy. Dervis dejó niños huérfanos, mientras que Ángela era el orgullo de la casa. El día del accidente sus padres se enteraron de lo ocurrido, luego que el presidente Nicolás Maduro diera la información a través de un programa de VTV.

Los actos fueron presididos por el M/G Félix Osorio Guzmán, comandante general del ejército, acompañados de otros miembros de la FANB.

Luchan por su vida

El mayor José Antonio Salinas Vásquez (38) y el capitán Wilber Oswaldo Sumoza (31) (piloto y copiloto), luchan por su vida, tras el accidente aéreo.

Una fuente militar indicó, que el mayor Salinas presentó traumatismo craneoencefálico, traumatismo torácico cerrado, fractura de tibia y peroné, y se encuentra en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).

Mientras que el capitán Wilber presentó traumatismo craneoencefálico, hematoma en cuello, traumatismo torácico y abdominal cerrado.

La fuente detalló que los dos funcionarios se encuentran bajo observación médica; sin embargo, no dieron más detalles.

Se supo que horas después del accidente, el capitán Sumoza fue llevado al Hospital Militar de Barquisimeto.

FANB reconoce su valentía

El general de División, Rafael Prieto Martínez, jefe de la ZODI-Lara, acompañado del general, Elvis Rafael Durán Lobo, comandante de Zona 12 de la GNB, entregaron reconocimientos a los ciudadanos que apoyaron en el rescate de dos oficiales del Ejército Bolivariano.

"Nos sentimos complacidos y honrados de compartir con cada uno de los héroes, quienes con valentía y honor salvaron la vida de estos oficiales, arriesgando la propia", dijo Prieto.

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