De Armas: La contención social es insuficiente

LA PRENSA de Lara | Agencias.- "La actual pandemia del virus Covid-19, sea cual sea el número de víctimas que finalmente arroje, es desde ya, el desafío más complejo que ha afrontado la humanidad durante la modernidad. Muchos afirman que el mundo no será igual después de lo que ocurre".

Las palabras de Franz De Armas, médico zuliano que con más de 30 años de experiencia, ilustran el problema al que se enfrenta la humanidad, y por su puesto Venezuela, cuyo sistema de salud conoce muy bien.

Especializado en medicina interna y en cuidados intensivos, y miembro de la Society of Critical Care Medicine y la European Society of Intensive Care Medicine, De Armas agrega, en conversación con PANORAMA, que en Venezuela "se dispone de menos de 100 camas de cuidados intensivos, entre públicas y privadas, que son insuficientes, por cuanto debería haber 2.400. De modo que no se dispondrá de las mismas, para los pacientes con Covid-19 más graves".

En el contexto regional, advierte que "América Latina está muy mal preparada para esta emergencia y para cualquier otra similar. Existen razones políticas, económicas y sociales, que le generan una debilidad estructural (...) Uno de los casos más graves es el venezolano, donde tal confrontación ha fraccionado totalmente al Estado, creando una dualidad de todos los poderes y generando una gran precariedad institucional".

- ¿Es el Covid-19 el desafío más importante para la humanidad al menos en un siglo?

- La actual pandemia del virus Covid-19, sea cual sea el número de víctimas que finalmente arroje, es desde ya, el desafío más complejo que ha afrontado la humanidad durante la modernidad. Muchos afirman que el mundo no será igual después de lo que ocurre.

- Son más de 17 mil muertos ya a nivel global, en este contexto, ¿qué le pasó a los Gobiernos del mundo?

- Y se espera que desafortunadamente sean muchos más. Todos los gobiernos fueron totalmente emboscados, sorprendidos y desarmados por este enemigo invisible y ningún Estado, aún aquellos con los sistemas sanitarios más desarrollados y complejos, tiene la capacidad de enfrentarle, si no logra aplanar la curva de la epidemia, rompiendo tempranamente la cadena de transmisibilidad, aislando a los afectados de aquellos que no lo están.

- A la luz de las decisiones que se han tomado en la región, ¿qué tan bien se ha preparado América Latina para un desafío como este?

- América Latina está muy mal preparada para esta emergencia y para cualquier otra similar. Existen razones políticas, económicas y sociales, que le generan una debilidad estructural, tal como ocurre en algunas otras regiones en África y Asia.

Nuestro subcontinente es la zona más inequitativa del mundo, con vastos territorios donde la presencia del Estado ni siquiera existe y muchos de ellos han sido catalogados como fallidos o forajidos. Y, como si fuera poco, varios países se encuentran totalmente polarizados, con bandos irreconciliables, dispuestos a imponer sus proyectos autocráticos, de derecha o izquierda a cualquier precio.

Uno de los casos más graves es el venezolano, donde tal confrontación ha fraccionado totalmente al Estado, creando una dualidad de todos los poderes y generando una gran precariedad institucional.

- ¿Qué tan efectivo puede ser en nuestro continente el confinamiento en cuarentenas, por ejemplo?

-Durante la actual pandemia ha quedado demostrado que esa es la medida más eficiente para romper la cadena de transmisibilidad del virus, pero su efectividad depende del momento de su aplicación y de su sistematización a otras medidas.

A partir del patrón epidemiológico definido por la Organización Mundial de la Salud, los modelos matemáticos han logrado predecir que, en adelante, en caso de no aplicarse la contención social, cerca de 80% de la población padecerá la afección, de los cuales, alrededor del 1% o 2% podría requerir hospitalización. De ese porcentaje, el 40% necesitaría ser ingresado en cuidados intensivos y la mitad de ellos, conectados a un ventilador mecánico.

Esta predicción, verosímil, genera un escenario apocalíptico para cualquier nación, más allá de todas las fortalezas que pueda tener su sistema sanitario.

Un ejemplo se observa en la Florida, Estados Unidos, donde se estima, que de seguir la tendencia observada, las 46.437 camas de hospitalización actualmente disponibles, para finales de junio de este mismo año serán muy insuficientes, comparadas con las 460.000 que se requerirán.

Predicciones similares, han obligado, aún a aquellas administraciones que inicialmente tuvieron una actitud relajada, a imponer medidas drásticas, que en algunos casos han llegado hasta el toque de queda, buscando evitar pagar el alto precio que han pagado Italia y España por haber ignorado tal medida restrictiva.

Sin embargo, la contención social es insuficiente y aún contraproducente si no se acompaña de la constitución de un grupo técnico que funja como autoridad sanitaria única con la subordinación militar y policial, la dotación adecuada con equipos y material de barrera al personal dispuesto en la primera línea de ataque, la detección precoz de los sospechosos de ser portadores, el diagnóstico y tratamiento hospitalario de los infectados, el fortalecimiento de la red de traslado de pacientes, hospitales y equipos de atención primaria en salud para canalizar los casos presentados y atender a las familias confinadas.

- Con un sistema de salud como el de nuestro país, ¿a qué está expuesta Venezuela?

- El sistema de salud venezolano está casi desmantelado, es actualmente de los más precarios del continente. Su nivel primario de atención inexistente, el programa Barrio Adentro está paralizado, sus módulos y centros cerrados o sin dotación, no hay ambulancias, la mayoría de los hospitales han clausurado sus camas de hospitalización, quirófano y cuidados intensivos, muchas de cuyas áreas carecen de los servicios elementales como agua, luz y aire acondicionado y, además, se encuentran sin suficientes médicos, enfermeras, equipos diagnósticos e insumos. En casi ningún hospital se hacen estudios de laboratorio y en ninguno funciona un tomógrafo.

Se dispone de menos de 100 camas de cuidados intensivos, entre públicas y privadas, que son insuficientes, por cuanto debería haber 2.400. De modo que no se dispondrá de las mismas, para los pacientes con Covid-19 más graves.

Todo lo referente a traslados de pacientes, compra de medicamentos, descartables, pruebas de laboratorio y tomografías corren por cuenta de familiares, generándose un altísimo gasto al bolsillo.

En tales condiciones, Venezuela está expuesta a uno de los mayores riesgos en el continente y su población podría padecer grandes calamidades derivadas de la situación.

- El Gobierno parece haber huido hacia adelante con medidas drásticas, incluso antes que países con muchos más casos?

- Sí y en cierta medida eso es comprensible, porque dada la dramática situación del sistema sanitario nacional pareciera ser la única opción con la que cuenta, siendo su margen de respuesta en cuanto a las otras medidas, prácticamente nula.

- El ciudadano de a pie enfrenta con desconfianza los datos de un país en el que, inexplicablemente, no se conoce ni siquiera un registro epidemiológico?

- Yo diría más bien con mucha incertidumbre y miedo, puesto que aún no tiene clara la verdadera proyección del fenómeno y enfrenta tal amenaza, con la certeza de que no contará con una oferta sanitaria apropiada. El ciudadano común conoce muy bien el estado actual del sistema de salud, ya que sufre a diario sus carencias.

- ¿Qué tan caro puede salir ocultar información en una pandemia como la que azota al mundo por estos días?

- Los costos económicos y sociales serán incalculables y más temprano que tarde quienes la subestimen se estrellarán con sus estragos.

Pensemos exclusivamente en el costo que genera la paralización de los vuelos internacionales por 30 días. Solo pocos días después de haber sido oficializada por la OMS, ya se había devorado todo el valor alcanzado por los bonos y acciones de las principales bolsas y todos los puestos de trabajo creados durante la administración Trump.

Esta crisis ha superado ya los efectos de la depresión del 2008 y podría llegar a competir con la de los años treinta. Junto a las dos grandes guerras mundiales ha sido una de las tres ocasiones en la que los juegos olímpicos son suspendidos.

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