Bates se apagaron en los momentos decisivos

Osman Rojas Durán | LA PRENSA.- Dicen que el nombre del juego se llama picheo, pero Cardenales de Lara comprobó que sin bateo tampoco se gana. La novena crepuscular que, durante la ronda regular fue un vendaval ofensivo, se apagó en los momentos de la final cuando más lo necesitaban.

Aunque los dirigidos por José Moreno continuaron con la tónica de conectar diez hits por juego (lo hicieron en 4 de los 6 compromisos) los bates crepusculares no respondieron cuando tenían hombres en bases.

En total la novena crepuscular dejó 105 hombres en base, cifra alarmante si se toma en cuenta que cuatro de los mejores cinco bateadores del torneo comprendían la parte gruesa de la alineación. En líneas generales los Cardenales de Lara batearon para un .275 de average colectivo. Los larenses dieron en toda la serie 56 imparables, dieciséis más que los conectados por Caribes de Anzoátegui. Los jonrones también favorecieron al bando crepuscular. Lara conectó seis batazos de vuelta completa, uno más que los dados por el bando oriental (5).

La clave de la serie estuvo en el bateo oportuno. Caribes de Anzoátegui, consiente de su inferioridad, supo hacer las pequeñas cosas del béisbol. Los aborígenes jugaron pelota chiquita haciendo los fundamentos básicos del béisbol.

Como si se tratara de un showcase los peloteros de Caribes supieron tocar en el momento oportuno, correr las bases cuando el partido lo demandaba y dar el batazo correcto en el momento justo. Cardenales de Lara hizo todo lo contrario. Ravelo, Romero y Urrutia dejaron a 34 corredores en base.

A eso hay que sumarle 13 de Gustavo Molina y otros 5 de Jesús Montero. La parte gruesa de la alineación no apareció durante la serie final y eso se refleja en los 22 hombres dejados en posición anotadora.

Para colmo de males el relevo tampoco funcionó. De las 19 carreras que el equipo oriental hizo en la serie seis fueron del sexto en adelante.

Lara tuvo que lidiar con el fantasma de la remontada durante la final. Águilas y Magallanes, rivales de la tropa alada en las instancias previas, no exigieron a los dirigidos por José Moreno, pero Caribes sí picó adelante en tres de los seis juegos disputados ante los larenses.

Todos estos factores incidieron en el resultado de la instancia decisiva. Lara, al igual que en la temporada 2016-2017, no aguantó la presión del favoritismo y sucumbió por segunda vez de forma consecutiva.

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