"Pacientes ven de cara a la muerte"

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Osman Rojas | La Prensa de Lara.- Como si fuese una pesa­dilla, la señora Andrea Salazar se levanta todos los días sabiendo que ne­cesita dólares para com­prar Sandostatin LAR (vacuna que controla la diarrea y el vómito en pa­cientes con tumores en el hígado). Se angustia, se desespera, piensa, llora. Bajo la única compañía de su madre, esta mujer de 42 años, asume que este mes tendrá que se­guir viviendo con males­tar pues no tiene cómo costear un tratamiento que se compra con bille­tes verdes en Colombia.

?Hace dos meses averi­güé y necesitaba por lo menos 400 dólares para comprarlo. De dónde sa­co tanto dinero?, es la du­ra confesión que hace la señora mientras espera en uno de los bancos del anticanceroso de Barqui­simeto. ?Parece que sólo un milagro me salva?, continúa la mujer que la­menta profundamente la quema de la ayuda hu­manitaria en la frontera, pues ?tenía esperanzas? de que allí viniera su me­dicamento.

A unos 2 kilómetros y medio, justo en la unidad de diálisis La Pastora (ca­lle 25 con carrera 34) un grupo de al menos 30 pa­cientes levantan las ma­nos cuando se les pre­gunta si han sufrido la escasez de insumos y medicamentos. ?Esta­mos vivos por misericor­dia?, dicen las personas cuando se les pregunta cuál es su estado de sa­lud.

Alcides Monroy, uno de los pacientes atendido en el centro especializado, asegura que los enfer­mos diariamente ven el rostro de la muerte pues las diálisis son aplicadas a media máquina debido a la escasez de insumos.

?Da risa cuando vemos a gente que dice que no hay crisis humanitaria, pero no visitan las unida­des de diálisis. Aquí hay días en los que nos tene­mos que regresar a la ca­sa sin el tratamiento por­que no hay ni agua para poner a funcionar las máquinas. ¿Cómo no va a haber crisis cuando ve­mos a un compañero morir y nos pregunta­mos cuándo nos tocará a nosotros?, es la dura con­fesión que hace Monroy.

Historias como estas re­velan la grave crisis hos­pitalaria y humanitaria que hay en Venezuela y es que, mientras en las fronteras venezolanas son quemadas las cajas con medicinas e insu­mos, los enfermos del país ven cómo la calidad de vida desmejora, pues en las farmacias no hay ni siquiera antibióticos para tratar las infeccio­nes.

?Nos morimos de men­gua?, dicen los enfermos cuyo clamor no ha sido escuchado y quienes si­guen pidiendo al Gobier­no de Nicolás Maduro que permita el acceso a la ayuda humanitaria, pues son los pacientes los más afectados por una con­tienda política que está cobrando vidas.

Francis Angulo, profe­sora jubilada, es una de las personas que ha visto cómo las confrontacio­nes políticas acaban con la esperanza de vida de los enfermos. Ella es her­mana de Ana Angulo, mujer de 44 años que fue operada hace un par de años y que por no recibir radioterapias su estado pasó de controlable a me­tástasis.

?Los centros públicos están parados y a nivel privado es imposible pa­garlos?, es el análisis que hace la señora que este 23 de febrero salió a mar­char por la entrada de la ayuda humanitaria, pues considera ?injusto? que los pacientes sigan mu­riendo.

La situación denuncia­da por pacientes renales y oncológicos es la mis­ma en la que se encuen­tran los enfermos cróni­cos o con enfermedades degenerativas como el VIH, pues medicamen­tos para estos enfermos tampoco llegan. ?Hay una sentencia de muerte sobre los enfermos, esa es la realidad?, lamenta el doctor René Rivas, pre­sidente del Colegio de Médicos en Lara.

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