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Guaros resignados a las colas

Ágatha Reyes | La Prensa de Lara.- Sobre cartones y en fila india pasan las noches los larenses, que ante la escasez de productos de primera necesidad y gas, deben exponerse a la inseguridad de la oscuridad que reina pasadas las 9:00 de la noche en supermercados y llenaderos para poder abastecerse al día siguiente.

Sin embargo, el drama no es sólo a la hora de comprar alimentos. Esta crítica y “humillante” situación, como la describen los propios guaros se replica en quienes acuden a las estaciones de servicio para llenar el tanque de su vehículo, pues desde hace más de un mes deben pasar hasta cinco horas para abastecerse de combustible.

Y es que el tener que hacer colas hasta para ser atendidos en centros de salud, ha generado en los guaros episodios que Carlos Meléndez, sociólogo describe como de “resignación, frustración, negación y hasta aires de desesperanza” en los venezolanos que deben sobrellevar la crisis sumergidos en las colas que se han vuelto indispensables para todo.

Según Meléndez, algunos guaros se han resignados a vivir de esta manera porque no ven otra salida para afrontar la escasez de alimentos, pero también llega la frustración en aquellos que no ven salida a lo que ocurre, además explica que en medio de la crisis el venezolano intenta ver las dificultades desde varios puntos de vista, entre los que destaca “la negación”, pues en este caso, más de uno trata de disipar cualquier emoción negativa.

Sin embargo, en las colas que se hacen en supermercados y bombas de gasolina, lo que abunda es el reclamo del ciudadano que en frases como “esta es la patria” o “este es el socialismo del siglo XXI” rechazan que ahora tengan que “sobrevivir” en las colas.

Tal es el caso de Eugenia Gutiérrez. Una mujer de unos 65 años. Todos los lunes debe hacer la cola para comprar en Garzón, pero en las últimas tres ocasiones en las que ha ido, no ha logrado tener suerte, pues a pesar de llegar a la cola a las 4:30 de la mañana, cuando su reloj marca las 2:00 de la tarde escucha la frase “se acabó”, lo que dice le genera impotencia, pues sus ingresos no le permiten comprar bachaqueado. En estaciones de servicio el reclamo persiste, y es que choferes deben reducir viajes para poder abastecerse de combustible.

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Eduardo Soteldo

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