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Crónica: diez años para conocer a su hija

Jennifer Orozco | LA PRENSA.- Ocho puñaladas le dio Gloria a su esposo, todas en el abdomen, en septiembre de 2004. Harta de recibir golpes, insultos y hasta abusos sexuales, la única salida que vio ante tanto sufrimiento fue la muerte de su marido. -Dios mío qué hice, me van a poner presa– se repetía una y otra vez la mujer, después de ver el cuerpo sin vida de su esposo sangrando en la cocina de un rancho, en una invasión al oeste de Barquisimeto.

Luego de asesinarlo, Gloria corrió hasta la casa de su mamá en otra barriada, a unas 10 cuadras de su vivienda.Mamá lo maté, van a venir por mí- le reveló la mujer a su progenitora y en efecto, luego de cinco horas, funcionarios del Cicpc dieron con ella, la esposaron y se la llevaron detenida.

La dama admitió los hechos. – Si lo maté- y con eso firmó su propia sentencia, pues sería acusada de homicidio calificado. Al margen del crimen y lo turbio que representaba todo los hechos previos al asesinato había algo escondido dentro de Gloria y fue el examen forense que le hicieron antes de encarcelarla que descubrió un sorpresón: Gloria estaba embarazada, tenía 8 semanas de gestación.

De un calabozo en el Cicpc de la Zona Industrial I, fue remitida a la comisaria de Los Cerrajones luego de que las autoridades supieran de su embarazo. Allí, una cárcel exclusiva para mujeres, le hacía compañía a unas 40 delincuentes. Drogadictas, ladronas, violentas y una que otra asesina se convirtieron en sus amigas.

-Los siete meses más largos de mi vida-, dice Gloria, mientras sus ojos se llenan de lágrimas, recordando que pasó toda su preñez entre rejas.- No cumplí ningún antojo, no recibía cariño de mi familia y el padre de mi criatura estaba muerto, pues yo misma lo maté. Yo misma me condene a toda esa desgracia.- comenta Gloria.

Al cumplirse sus 38 semanas de gestación en abril de 2005, a la mujer le dieron dolores. Las femeninas de Polilara la llevaron esposada y en patrulla hasta el Hospital Central, donde luego de 6 horas de trabajo de parto, parió desde sus entrañas a una niña sana, de 3 kilos y 50 centímetros de estatura. – Lo mejor que me ha pasado en la vida fue verla, darle pecho las primeras horas y olerla.-

Pero la felicidad fue corta. Luego de estar en el Hospital dos días recluida junto a su bebé, la Fiscalía de menores asignó la custodia de la recién nacida a la mamá y hermana de Gloria. – La niña tenía de todo, menos a mi.- cuenta Gloria sumergida en llanto.

La condena que tenía que cumplir era de 25 años. Después de parir le faltaba cumplir casi la pena completa. La mujer volvió tras las rejas, sin su bebé en el vientre y con una tristeza que no se le quitaba con nada.

Pero Gloria tenía una esperanza, pues una fiscal le había comentado que comenzarían a ejecutar algunos planes para darle beneficios a los reos que tuviesen buen comportamiento. Aunque a Gloria le tocaba ser recluida en Uribana, pasó 10 años en Los Cerrajones, donde aprendió peluquería y manualidades, gracias a las otras presas y a las femeninas de Polilara.

Todas las noches recordaba el olor de mi bebe, su llanto, su carita-. Mientras cumplía la condena, la madre de de Gloria le llevaba fotos de la niña, pues no estaba permitido llevarla para que la viera. –Jamás la vi en persona luego de su nacimiento, pero la amaba con todo mi ser-, confiesa la dama.

Luego de 10 años presa, llegaron los tan anhelados beneficios, junto a fiscalías del estado Lara. Eran las primeras tandas del “Plan Cayapa”. Gloria lo tenía todo a favor, buen comportamiento, aprendió oficios en la cárcel, había cumplido más del tercio de su pena y no tenía antecedentes antes de asesinar a su conyugue.

En tres días de la llegada de los fiscales a Los Cerrajones, Gloria salió en libertad en agosto de 2015, diez años después de cometer su crimen.

Cuando llegue a mi casa mi niña estaba paradita en la puerta, le pregunté si la podía abrazar y me contesto “claro mami”. Lloré, ahí supe que siempre estuvimos conectadas- recalca, mientras las lágrimas bajan por sus mejillas.

Después de dos años, Gloria ha tenido que enfrentar la adolescencia de su hija, donde existen preguntas como, ¿dónde está su papá? y si es verdad que ella “lo eliminó”, como escuchó la niña alguna vez jugando en la cancha del barrio. –No sé que responderle, no quiero que me odie por haber matado a su papá- acota.

La otra carga de Gloria es saber que en algún lugar, los familiares de su esposo muerto la quieren presa de nuevo, sin saber que ella tuvo una hija de ese matrimonio.- A ellas no las busqué ni las buscaré, ellas apoyaban el maltrato que me daba ese señor y solo traerán tristeza a la vida de mi hija, jamás dejare que la conozcan.-

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Belimar López

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