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CRÓNICA: Pasión tras las rejas

Jennifer Orozco | LA PRENSA.- Apasionadas, placenteras y rápidas. Así son las relaciones sexuales en la cárcel, durante la visita conyugal. A pesar de que se van en un santiamén, las esposas de los reos se preparan todos los meses como si fuese su noche de aniversario matrimonial.

 A las 5 de la mañana, una vez al mes, María de los Ángeles se levanta a preparar un almuerzo doble, pero bien resuelto. –Arroz con pollo o pabellón, eso es lo que más le gusta a Efraín- dice. Luego de prepararlo, lo sirve en envases de anime y los embolsa, para ir a lo más importante, a preparar su cuerpo para la visita conyugal.

-Me gusta que me vea bonita, eso lo motiva a portarse bien dentro de la cárcel porque al salir tiene este caramelito en la casa- revela entre risas. Ya el día anterior María ha ido a depilarse al centro Comercial Cosmos,-cejas, axilas, piernas y obviamente mis partes privadas- comenta entre dientes mientras mira a su alrededor. También se ha lavado, secado y planchado su larga y negra cabellera.

Después de preparar los almuerzos, se baña en unos 20 minutos, se cepilla los dientes y se pone crema en todo su cuerpo. –Escojo la ropa interior días antes, me pongo algo bien chiquito- comenta.

Luego de colocarse pantaleta y sostén, además de su perfumito, se monta sus jeans, franela blanca y zapatos de goma, lista para salir y agarrar un rapidito que la lleve desde el Hospital Central hasta Uribana, donde desde hace un año esta su amado Efraín por robo agravado y lesiones. La pareja tiene 5 años de relación, de las cuales los últimos 12 meses han tenido intimidad condicionada por las rejas de la cárcel.

-Al llegar a  la puerta del penal te revisan los exámenes de enfermedades venéreas, sida y embarazo, que no deben tener más de tres meses de vigencia, luego te piden la cedula y si eres la esposa o concubina legal es que pasas, para allá no entra cualquiera- continua la mujer.

Luego de pasar todos los controles, viene, lo que para Maria es, la parte más engorrosa: la revisión de las custodias. –Te agachas y te abres bien, porque si no las custodias te regañan. Ellas se colocan un guante quirúrgico y te introducen dos dedos en la vagina para saber si llevas algo dentro. Te observan detalladamente con una linterna. Eso es culpa de las mujeres que han pasado droga, teléfonos y hasta granadas en sus partes intimas-.

Una vez que las custodias autorizan la entrada, las conducen hasta un pasillo donde están 10 cuartos de bloque. Dentro, la cama es de cemento, pero tienen una colchoneta encima. Maria comenta que ella lleva sabanas limpias para poder acostarse. Ella y su amado Efrain solo tienen 45 minutos para tener relaciones sexuales.

-Hacemos lo que se puede- dice Maria mientras su rostro se ruboriza y se rie a la vez que agrega que –tampoco es que inventamos posiciones ni nada, vamos más a lo básico, para matar las ganas como quien dice, pues siempre queremos que nos sobre tiempo para comernos los almuerzos y para hablar de nuestro hijo que tiene 2 años- narra la mujer.

Maria, a pesar de la pena que le da, cuenta que no todo el tiempo es buena la visita conyugal, pues muchas veces la tristeza de verse entre las paredes frias de la cárcel les empaña la pasión.

-Siempre terminamos con un beso largo y un abrazo, siempre le prometo que vendré el próximo mes, porque lo amo y no me imagino teniendo sexo con otro hombre, así sea en esa condenada cárcel, nadie es como mi Efraín-, comenta María mientras una lagrima rueda por su mejilla.

 

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Eva Gómez

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